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Miércoles, Mayo 18, 2022

Casa Telar: el legado de la textilería lickanantay

Antonia Carrillo
Antonia Carrillohttp://www.diariosustentable.com/
Antonia Carrillo. Periodista de la universidad Diego Portales. Me gusta andar en bicicleta y hacer yoga. Creo que la sustentabilidad es lo más importante para mejorar el sistema y el planeta. Por eso estudié periodismo: para dedicarme por completo a visibilizar las acciones necesarias para crear un mundo mejor y sustentable. En periodismo encontré la posibilidad de expresarme, de expandir mi visión sobre el tema que más me importa, el medio ambiente.

Pese al Covid-19 y bajo estrictas medidas sanitarias, artesanas y artesanos del Salar de Atacama se reencuentran para continuar con el aprendizaje y rescate de la producción de este arte ancestral, gracias a iniciativa Casa Telar, de Fundación ONA y el apoyo de SQM, en línea con su Plan de Sostenibilidad con foco en vinculación con la comunidad.

Luego de una etapa de clases virtuales debido a la pandemia, el programa Casa Telar implementado en el Salar de Atacama por Fundación ONA en una iniciativa colaborativa con la comunidad y SQM, desarrolla nuevas acciones para preservar este arte ancestral.  Con la vuelta a clases y talleres magistrales realizados por maestras textiles bajo estrictas medidas sanitarias, Casa Telar busca fortalecer los conocimientos de alumnas y alumnos de esta práctica que antaño se desarrollaba en el territorio y así, rescatar esta tradición lickanantay en un espacio de encuentro para la comunidad. 

“Casa Telar es algo importante, porque nosotros tenemos raíces que generaron nuestros abuelos y que son de muchos años atrás, tenemos vestigios acá de tejido telar y es muy importante preservarlos y mantenerlos en el tiempo”, sostiene la coordinadora de Casa Telar y vecina de la comunidad de Toconao, Inés Cruz, para explicar lo fundamental que es el rescate patrimonial de este arte.

“Desde su inicio en 2017, el programa Casa Telar se ha desarrollado para revitalizar las técnicas textiles, especialmente en telar. Es un proyecto que se construye desde el interés propio de las y los tejedores de las comunidades, como una búsqueda personal y comunitaria, con distintos objetivos; didácticos, pedagógicos y comerciales. De esta manera, se pueden generar recursos e ingresos paralelos a través del oficio textil”, detalló la directora ejecutiva de Fundación ONA, Macarena Peña.

Por su parte, Alejandra Fuenzalida, monitora de Casa Telar, puso en realce el regreso a las clases presenciales, que le permiten acompañar los aprendizajes en forma más personalizada. “De esta forma avanzamos en detalles que han quedado pendientes que es más difícil corregir por internet. Es más fácil ver cómo trabajan en presencial y, también, es mucho más rápido, dada la complejidad técnica”, complementó la maestra, quien espera que este 2022 sea un año de nuevos desafíos y de generación de una colección de productos textiles innovadores.

Casa Telar y rescate ancestral 

La iniciativa, que se ejecuta en las localidades de Larache, Socaire, Talabre y Toconao, es valorada por todos los estudiantes, como es el caso de Marlene Zuleta, quien se incorporó en 2019 y que destaca todo lo avanzado en el periodo telemático. “Lo que más me gusta son los distintos diseños y técnicas de tejidos, los tipos de telares y la camaradería que se genera entre el grupo de personas que participamos en el taller”, dijo.

Alejandro Bucher, vicepresidente de Comunidades Salar de SQM, destacó el aporte del programa a la revalorización de esta técnica ancestral atacameña, como también al desarrollo sustentable de las comunidades lo que está en línea con el Plan de Sostenibilidad de la compañía, que plantea líneas de acción para generar valor social compartido con las comunidades con foco en ámbitos como el desarrollo social y productivo, junto con el rescate patrimonial. 

“A través de la generación de estos espacios de aprendizaje colaborativos, que, además, se han adecuado a las diversas etapas que hemos vivido durante la pandemia, se ha mantenido vivo este arte, contando siempre con un alto interés y convocatoria de las artesanas y artesanos del territorio. Se trata de una iniciativa que les permite crear productos con un alto valor cultural y calidad única que pueden luego comercializar, impulsando así una cadena productiva local, lo que muestra que estamos en la línea correcta, contribuyendo a mejorar la calidad de vida de los habitantes del Salar, reforzando nuestro compromiso con la sustentabilidad”, concluyó el ejecutivo. 

CIC

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