Radar procesa pagos para Airbnb, TikTok y Booking. En tres años alcanzó la rentabilidad con solo 1,5 millones de dólares levantados.
A Herbert Schulz lo echaron de la universidad. Volvió, se destacó, montó un negocio y quebró. Hoy lidera Radar, una fintech fundada en 2022 que cerró 2024 con 2,9 millones de dólares en facturación y proyecta llegar a 12 millones en 2026.
¿Qué hace Radar?
La empresa automatiza operaciones financieras para clientes que necesitan pagar a miles de personas simultáneamente. Su especialidad es la dispersión de pagos: transferir dinero a anfitriones de Airbnb o creadores de contenido de TikTok. “Procesamos pagos para marketplaces”, explica Schulz.
La caja de zapatos que venció a los bancos
Conectarse directamente con los motores bancarios no fue fácil. Al principio, los bancos le cerraron la puerta con un argumento circular: solo abrirían sus sistemas a empresas con volumen de clientes. Pero Schulz les respondía que necesitaba conectarse primero para poder tener clientes. Un callejón sin salida.
La solución fue tan ingeniosa como improbable. Abrieron una cuenta en un banco que ofrecía transferencias ilimitadas y, para autenticarse en el sistema, construyeron su propio mecanismo: dentro de una caja de zapatos instalaron un token físico de esos que generan códigos de seguridad, le apuntaron una webcam, y con inteligencia artificial capturaban los números en tiempo real para conectarse automáticamente. Así, desde esa pequeña caja, Radar empezó a operar.
Hoy esa solución artesanal es historia. La empresa se conecta directamente con los motores de los bancos y mueve un volumen tan alto que ha llegado a romper los sistemas bancarios: sus cartolas tienen 600 páginas diarias y superan el millón de transferencias mensuales.
“Al principio les dije: quiero conectarme con los motores de los bancos. Y los bancos me dijeron: cuando tengas más clientes, vuelve”, recuerda Schulz. Hoy son los mismos bancos los que los buscan para trabajar.
El foco donde nadie mira
Mientras otras fintechs pelean por México y Brasil, Radar apunta a mercados que muchos ignoran: Ecuador, Bolivia y Paraguay. La lógica es simple: menos competencia, más oportunidad.
“¿Puede llegar a ser un volumen equivalente a un mercado grande donde hay 100 actores peleándoselo?”, se pregunta Schulz. Su apuesta es que sí, agrupando varios países pequeños donde la empresa ya tiene ventaja competitiva.
El siguiente gran objetivo son las empresas chinas, especialmente marketplaces como Temu, que quieren operar en Latinoamérica pero encuentran demasiada fricción en los eslabones intermedios. Radar quiere ser ese puente directo.
Crecer sin quemar caja
Con solo 1,5 millones de dólares levantados entre fondos de venture capital estadounidenses, chilenos e inversionistas ángeles, Radar alcanzó la rentabilidad en un plazo inusualmente corto. El plan para 2026 es duplicar nuevamente la facturación hasta llegar a 12 millones de dólares, tras lo cual buscarán levantar una Serie A.
“Hemos sido muy rentables, entonces la verdad es que no hemos necesitado levantar más”, dice Schulz.
La empresa opera con 30 ingenieros distribuidos principalmente en Chile, entre Santiago, Viña del Mar y el sur del país

