Convencieron al pueblo que para serlo, bastaba tomar vino y empanadas para los dieciochos y para las elecciones, donde de esa manera compraban los votos.
No hay mal que dure cien años porque siempre que llovió, paró. Recordemos que en Macondo la cuna del realismo mágico, llovió sin parar más de siete mil dÃas con sus horas y minutos.