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Lunes, Octubre 25, 2021

La nueva constitución nacerá de las cuencas de los ríos

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Contamos historias que merecen crecer. Pensamos diferente y elegimos creer en las personas, comunidades y organizaciones, las grandes y las que están empezando ahora en la mesa de un café, pero que van a cambiar el mundo.

Ziley Mora, filósofo, etnógrafo y escritor

El “Chile antes de Chile” era un conjunto de pueblos que se movían dentro de unos determinados paisajes. Luego, nuestra república –y como es el caso de todas las repúblicas del mundo- se formó producto de una construcción histórica. Y sabemos que sus límites no son los que impuso un designio divino sino que son un acuerdo, una imposición humana, unas negociaciones políticas, unas armas que se dispararon desde unos buques de guerra, unas tropas de ocupación que se desplazaron y anexaron territorios con miles de muertos de por medio.

Está claro que las circunstancias históricas, las consecuencias de sus cegueras y el efecto de los desajustes iniciales -muchos no previstos -errores no forzados- y otros adrede mantenidos por los intereses de una elite-  exigen la reinvención de la patria-matria chilena. Con los incendios, los estallidos y los desmantelamientos de estatuas, hoy experimenta un desorden, un caos que debiera volverse creativo. Porque toda esa energía, que es un tan revelador síntoma, es preciso saber encauzar.

Por lo que requerimos un nuevo Estado, un tipo de orden tan consistente que sea capaz de vencer al desorden. Algo que evidentemente no lo pueden proporcionar Carabineros ni las Fuerzas Armadas ni más leyes antiterroristas. Porque es algo mucho más profundo, al punto que tiene que ver con la crisis de un modelo de civilización o de “progreso”. Por tanto, si queremos tener vida y paz duradera, lo que la nueva Constitución debiera reflejar es simplemente volver a respetar el orden natural. Debería inspirarse en la solidez antigua de nuestro destruido ecosistema natural.

¿Qué estamos proponiendo en concreto? Organizar el país desde sus cuencas hidrográficas; es decir escribirla desde la organicidad de nuestros ríos. Obedecer de una buena vez la tendencia natural, porque tarde o temprano, el Mapocho por ejemplo, ocupará su lugar y nada podrá detener la fuerza acumulada de todas las represas. Proponemos una ordenación matricial a partir del agua -que es la vida misma- porque el agua unifica y ordena orgánicamente su territorio que fecunda, todo en pos de la sustentabilidad de los asentamientos humanos. Que estos se agrupen en regiones diminutas o grandes, pero todas determinadas según las características de las tierras y valles circunscritas a los principales ríos, con su propia red de afluentes, riachuelos y esteros conectados entre sí. Por cierto, nada fácil su implementación, dado que la transversalidad de nuestras aguas constituyen fronteras, separan cuando debieran unir. Pero por no respetar esta coherencia ambiental que antes tenía el territorio mapuche y que incluso España respetó, hoy se presenta un problema mayor.

La nueva Constitución de Chile la debe dictar el federalismo natural de las cuencas de los ríos. Y al respecto ¿no debiera ser toda economía “de subsistencia”, como lo ha formulado siempre el sentido común más rural? Porque esta economía “para progresar” nos la han impuesto como una pretensión forzada: la prosperidad burguesa, la de la ciudad, como si fuera el único medio que nos acercaría a una posición más asegurada, a través de la movilidad social y la competencia. Y vivir en ciudad ¿no es más por miedo que por comodidad? Está claro que los profesionales se quedan a vivir en la ciudad porque ahí está la oferta de sustento. Claro que habrá que reaprender para querer vivir en un medio más rural, planificando las profesiones, el desarrollo territorial y la economía local para hacer esto posible,

 Para ello sería necesario una propuesta de formas de vida y de trabajo más cercanas a la naturaleza ¿De verdad los chilenos hemos elegido vivir en la ciudad o simplemente los intereses de elite han organizado el país para que no visualicemos ni resolvamos aún otra forma de vida? Prosperidad con paz verdadera y con calidad de vida desde una cuenca ambiental son cada vez más sinónimos. Y como proyección social, ¿hacia dónde va Chile si no modifica su forma consumista de vivir, sus desconexiones con la tierra fértil, sus vicios, sus sin sentidos? La respuesta es simple: vamos hacia una catástrofe total en medio de un desierto sin ríos.

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