Sebastián Tagle, gerente general de Soprole, contó en “Líderes que inspiran”, el podcast del Instituto de Directores de Chile, Chapter Zero Chile y Diario Sustentable, cómo una citación al río Mapocho terminó ordenando la estrategia de sostenibilidad de la láctea: 32 puntos de recolección de poliestireno, camiones refrigerados 100% eléctricos y un sello con 154 estándares productivos. Todo, bajo la premisa de que ningún consumidor pagará un peso más por eso.
Hace unos seis años, el entonces ministro de Obras Públicas citó a Sebastián Tagle al río Mapocho. Soprole aparecía en un listado de las diez empresas que más agua consumían en Chile. La estadística estaba equivocada, pero el problema de fondo no: la compañía no tenía cómo demostrarlo. “Ahí me di cuenta que la verdad es que yo no tenía la información y nos costaba mucho construir la información de cuánta agua consumíamos”, recordó el gerente general de la láctea.
Ese episodio, dice, fue el punto de partida. La compañía hacía cosas (deporte, apoyo a la Teletón, aportes puntuales), pero sin una estrategia detrás. De ahí nació Soprole Sonrisa Circular, ordenada en tres pilares: personas saludables, medio ambiente saludable y negocio saludable.
Los números de cinco años
En ese período, Soprole redujo 35% el uso de agua en sus procesos y 75% los residuos que van a relleno sanitario. El porcentaje de envases reciclables pasó de 35% a 78%. Cada seis meses, la compañía rinde cuenta del avance de los tres pilares ante sus 2.000 colaboradores.
Hay una regla que atraviesa todas las decisiones y que Tagle repite sin adornos. “Siempre hemos concluido, yo he sido bien catete en eso, que ningún consumidor nos va a pagar un peso más por un yogurt porque tengamos camiones eléctricos o porque reciclemos los potes”, planteó. La conciencia puede llegar, dice, pero mientras tanto los desafíos deben resolverse sin aumentar costos.
La deuda de los envases
“Nosotros teníamos una deuda como industria, que era lo más básico, hacernos cargo de los envases que ponemos en los consumidores”, afirmó.
El proyecto de reciclaje de potes de yogurt y postre, fabricados en poliestireno (PS), partió de cero: 32 puntos de recolección en distintas ciudades, el desarrollo de un molde en Europa para fabricar bandejas plásticas retornables a partir del material recuperado y una campaña que salió tres veces al aire. “Los consumidores en sí no están educados para el reciclaje”, reconoció, y menos para separar potes.
Al proyecto sumaron a Wenco y a Walmart Chile con su cadena Líder, que permitió generar demanda masiva por productos hechos con material reciclado. Los dos primeros lanzamientos, según Tagle, funcionaron bien y hay un compromiso de reciclar mil toneladas de PS en tres años. A la fecha, la compañía suma 90 millones de potes reciclados y hoy tiene más capacidad para fabricar bandejas que material recolectado.
El siguiente frente son las cajas de leche. Hoy, lo que se recolecta en Chile termina saliendo del país, porque no existe un modelo estructurado de reciclaje local. Entre potes y cajas está cerca del 90% de los envases que Soprole pone en el mercado. “Aquí el gran desafío para que la sostenibilidad sea posible en los envases es que exista valor y disponibilidad de pagar por ese envase reciclado”, explicó.
Camiones fríos y eléctricos
La segunda iniciativa del pilar ambiental no bajó desde la gerencia general. La propuso el equipo de logística: camiones refrigerados 100% eléctricos, con autonomía para 200 kilómetros. El desafío técnico está en el frío, que consume energía y recorta autonomía. Para desarrollarlo trabajaron con Kaufmann y Copec Voltex.
Hoy operan seis camiones, tras un piloto, y la conversión del resto de la flota irá ocurriendo a medida que venzan los contratos de leasing de los transportistas. Tagle citó una cifra que le mostraron en una charla universitaria: cerca del 35% del impacto global sobre el calentamiento se explica por el transporte.
Un sello que fija estándar
En el pilar de negocio saludable, la compañía trabajó con Odepa y el mundo lechero en la definición de 154 estándares productivos, desde los predios hasta las plantas. El resultado fue el sello Chile Origen Consciente, que Soprole lanzó en sus leches durante la primera feria mundial de la leche realizada en Chile.
El valor, según Tagle, es que objetiva lo que significa un estándar de sostenibilidad. “Muchas veces hay ciertos sellos relacionados con la sostenibilidad que uno paga un poco de plata y finalmente tienes el sello”, contrastó. Hasta ahora son los primeros y únicos en obtenerlo.
Deporte escolar y productos “para ti”
El pilar de personas saludables se abre en dos. Por un lado, la innovación en productos, empujada por consumidores que ya no son promedio: altos en proteína, sin lactosa, sin azúcar. Por otro, el programa Soprole Deporte Escolar, que involucra a 42.000 deportistas al año en seis disciplinas, de Arica a Puerto Montt, con campeonatos interescolares que llenan el Estadio Nacional.
A eso se suman tres olimpiadas anuales de reciclaje en las que compiten más de 2.000 colegios, recolectando potes y cajas de leche.
Sin gerencia y con embajadores
Durante buena parte del proceso, Soprole no tuvo gerencia de sostenibilidad. La decisión fue nombrar embajadores en logística, producción, marketing y recursos humanos, con el propio gerente general como sponsor del foco estratégico. Recién hace menos de un año designaron a una gerenta de sostenibilidad, que además conecta con el pilar de personas. El directorio, dice, tiene una agenda de seguimiento y empuja a ir un paso más allá.
Tagle es explícito en que nada de esto se hizo solo. “Nosotros no éramos expertos en sostenibilidad”, reconoció, y de ahí la decisión de trabajar con socios especializados en packaging, recolección y reciclaje.
Inteligencia artificial en el core
La compañía incorporó IA en dos frentes concretos: recomendar a cada cliente qué productos y cuántas cajas comprar (cruzando su historial con el de clientes similares y exitosos) y el ruteo de más de 300 camiones que salen a vender todos los días. Tagle recuerda cómo se hacía antes: un plumavit con lanas de colores, una por ruta, y la pesadilla de rehacer el recorrido de 200 vendedores.
Su lectura es que la tecnología complementa, no reemplaza. La interacción de la fuerza de venta con el cliente, dice, es difícil que deje de existir.
“Hacer es el nuevo decir”
Sobre liderazgo, Tagle volvió dos veces a la misma idea. Primero, que hay que aprender de los errores y desaprender la costumbre de sentir que uno tiene la respuesta a todo. Segundo, que el desafío es la consistencia entre lo que la empresa declara y lo que hace en el día a día.
Lo resumió en una frase que ya repite como método interno: “hacer es el nuevo decir”, que en Soprole tradujeron a “menos PowerPoint, más acción”. Las presentaciones pueden quedar bonitas, advirtió, pero lo importante es que se hagan realidad.

