Tres estudiantes de la UC evaluaron el impacto de los sistemas fotovoltaicos que Statkraft entregó en Litueche. El estudio midió legitimidad social, calidad de vida y beneficio económico tras cinco meses y medio de uso.
Qué cambia en la vida de una familia cuando puede disponer de electricidad durante más horas del día. Esa fue una de las preguntas que orientó el trabajo de los estudiantes de la Universidad Católica Francisca Gómez, Manuel Moraga y Montserrat López, quienes evaluaron el impacto de las soluciones fotovoltaicas de autoconsumo entregadas por Statkraft en la comuna de Litueche.
La investigación se desarrolló en colaboración con el Centro de Innovación UC y el programa Sin Límites, con el propósito de levantar información territorial y comunitaria que permita comprender los efectos de estas soluciones y generar aprendizajes para mejorar el diseño, la focalización y la sostenibilidad de futuras intervenciones en el área de influencia de los parques eólicos que la empresa opera en la zona.
El equipo cruzó disciplinas. Francisca Gómez estudia Ingeniería Civil Industrial con diploma en Ingeniería Ambiental, Manuel Moraga cursa Ciencia Política y Montserrat López, Trabajo Social. Esa combinación permitió abordar la iniciativa no solo desde su dimensión técnica, sino también desde sus efectos sociales, económicos y comunitarios.
El punto de partida: generadores y menos de diez horas de luz
La evaluación se aplicó en mayo de este año a una muestra de hogares beneficiarios del programa. En ese momento, los sistemas fotovoltaicos llevaban en promedio cinco meses y medio de funcionamiento. El estudio se concentró en tres dimensiones: legitimidad social, calidad de vida y beneficio económico. Para eso se consultó por el conocimiento de la empresa y de las energías renovables, la experiencia de uso, los cambios en la vida cotidiana, los eventuales ahorros y la percepción general del programa.
La realidad previa permite dimensionar el desafío. Antes de recibir los sistemas, el 66,7% de los entrevistados dependía de generadores a combustión, con costos mensuales informados de entre 90.000 y 100.000 pesos. La mitad de los hogares disponía de menos de diez horas de energía al día, con restricciones especialmente durante la noche y en determinadas épocas del año.
Lo que cambió en la vida diaria
Un 83,3% de los entrevistados atribuyó a los sistemas fotovoltaicos un suministro eléctrico más estable, mientras que dos de cada tres beneficiarios señalaron que aumentaron sus horas de acceso a electricidad. Un 77,7% indicó que hoy puede mantener más electrodomésticos conectados de forma simultánea.
Los testimonios recogidos apuntan a transformaciones visibles sobre todo en la noche. Las familias señalaron que ahora pueden compartir durante más tiempo, ver televisión, cocinar o comer más tarde y organizar mejor sus actividades domésticas. Un 40% afirmó que la mayor disponibilidad de energía e iluminación ha facilitado actividades educativas o laborales que requieren equipos electrónicos y conectividad.
En el plano económico, un 44% declaró percibir una disminución de sus gastos asociados al acceso a la energía. Entre quienes generaron ahorros, los recursos se destinaron principalmente a mejoras del hogar, alimentación, transporte y salud.
Buena nota, con tareas pendientes
Los beneficiarios calificaron con nota media 6,5 sobre 7 la importancia de utilizar este tipo de sistemas, y un 61,1% señaló que el kit fotovoltaico había cumplido sus expectativas.
Entre los aprendizajes, el estudio releva la necesidad de seguir fortaleciendo las capacidades de los beneficiarios para operar y mantener los sistemas, ya que la generación de conocimientos y habilidades locales es un factor clave para asegurar la continuidad de los beneficios en el tiempo. También recomienda que futuras iniciativas incorporen desde su diseño una línea base sobre el consumo energético de cada hogar y un seguimiento periódico que considere las variaciones estacionales.
El trabajo aporta una mirada independiente y multidisciplinaria sobre los efectos del programa. Sus conclusiones reconocen avances en estabilidad energética y calidad de vida, y al mismo tiempo entregan evidencia para fortalecer el acompañamiento, la comunicación y la planificación de iniciativas futuras.
Statkraft lleva más de una década de presencia en Chile, operando, construyendo y desarrollando proyectos de generación renovable. Su estrategia en el país contempla alcanzar entre 800 MW y 1.000 MW de potencia instalada a 2030, apoyada en un portafolio de 1,3 GW en proyectos eólicos y solares, además de respaldo con sistemas de almacenamiento (BESS).

