Codelco puso en marcha una hoja de ruta que redefine cómo gestiona sus residuos, con el objetivo de valorizar el 70% de los desechos no peligrosos al 2030 e integrarlos nuevamente a sus procesos productivos.
La iniciativa responde a mayores exigencias ambientales y regulatorias, en línea con la Ley REP y la Política Nacional Minera 2050.
Estrategia transversal
Más que iniciativas aisladas, el plan articula una estrategia que combina proyectos en terreno, lineamientos internos para estandarizar la gestión de residuos y una mayor coordinación con proveedores. El despliegue contempla 18 iniciativas en el corto plazo, con una proyección de 54 hacia el final de la década.
El foco está en los principales residuos de la operación minera, como neumáticos fuera de uso, escombros y materiales metálicos, donde se concentran las mayores oportunidades de valorización.
Impacto en costos y operación
Algunas experiencias ya muestran resultados concretos. En Chuquicamata, el recauchaje de neumáticos de camiones de alto tonelaje permitió evitar la generación de más de 1.200 toneladas de residuos entre 2024 y 2025, además de reducir la compra de nuevas unidades.
El impacto también se refleja en eficiencia económica, con ahorros cercanos a US$ 2,2 millones. A esto se suma la reutilización de escombros en Radomiro Tomic, donde se proyecta gestionar más de 12 mil metros cúbicos en 2026 para su uso en infraestructura, lo que permitiría reducir costos en torno a US$ 3,77 millones.
El desafío de cerrar el ciclo productivo
La hoja de ruta también impulsa modelos donde los residuos vuelven al proceso productivo. La recuperación de bolas de molienda, ya implementada en algunas divisiones, permitió generar beneficios superiores a US$ 700 mil durante 2025.
Para 2026, la proyección es duplicar esos resultados y superar las 5 mil toneladas de material recuperado. En este proceso, la participación de proveedores ha sido clave para avanzar en soluciones que permitan cerrar ciclos y ampliar las alternativas de valorización.
Con ello, la estatal apunta a consolidar un cambio en la forma de abordar los residuos, pasando de una lógica de descarte a una donde estos se integran como parte del negocio, con impactos tanto ambientales como económicos.

