Enfrentamos un panorama a nivel internacional pocas veces visto y que ha obligado a gobiernos, empresas y, en general, a la sociedad en su conjunto a tomar medidas urgentes para evitar la propagación de un virus que ha colapsado los sistemas de salud de los países más desarrollados del mundo: el COVID-19.
Estamos viviendo un momento histórico. Estamos presenciando el reseteo completo de la sociedad en la que nacimos y en la cual vivimos. Aunque no tengo dudas de que el antídoto al Coronavirus lo encontraremos en pocos meses, tampoco tengo dudas de que su impacto tendrá consecuencias permanentes en nuestra sociedad.
Garantizar agua para la vida de los seres humanos y las especies en la tierra, asequible, libre de contaminación y gestionada de forma eficiente y sostenible, es uno de los puntos claves de la Agenda 2030, el ODS6, dentro de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible adoptados por Naciones Unidas.
La vida en el planeta Tierra es posible, en gran parte, debido al agua. La mayoría de las especies existen gracias a este elemento tan básico como vital y, en concordancia, el planeta donde vivimos en más de un 70% es agua.