Tras el megaincendio que afectó a la Región de Valparaíso en 2024, la empresa Inhotep incorporó sistemas de protección pasiva contra incendios en las nuevas viviendas que construye en El Olivar. Para sus socios, Mario Bahamondes y Edgar Torres, la iniciativa no solo busca mejorar la respuesta frente al fuego, sino también abrir una discusión sobre la seguridad y la calidad en la vivienda social.
Si Chile ha aprendido a construir edificios capaces de resistir terremotos y obras preparadas para enfrentar marejadas, ¿Por qué una vivienda social no podría ofrecer una mejor respuesta frente a un incendio? Esa fue la pregunta que comenzó a rondar a Mario Bahamondes y Edgar Torres tras el megaincendio que destruyó miles de viviendas en la Región de Valparaíso.
Con más de dos décadas de experiencia en proyectos habitacionales, ambos decidieron que la reconstrucción no podía limitarse a recuperar lo perdido. En El Olivar, uno de los sectores más afectados por la tragedia, impulsaron una propuesta que incorpora sistemas de protección pasiva contra incendios para aumentar el tiempo de evacuación de las familias y mejorar las condiciones de seguridad de las viviendas.
“Somos capaces de construir para resistir terremotos, somos capaces de construir al lado de la costa para resistir marejadas. ¿Por qué no íbamos a ser capaces de construir algo que pudiera tener resistencia al fuego?”, plantea Edgar Torres.
Una construcción diferente
Aunque el incendio marcó el inicio del proyecto, la motivación venía de mucho antes. Gran parte de la trayectoria de Edgar Torres ha estado ligada a la vivienda social y al desarrollo de proyectos en comunas donde históricamente la inversión ha sido escasa. Recuerda haber impulsado uno de los primeros proyectos habitacionales en La Pintana cuando pocos privados apostaban por construir allí, una experiencia que marcó su visión sobre las brechas que enfrentan las familias más vulnerables.
“Habitualmente la gente que ha sido estigmatizada por sus niveles de vulnerabilidad, incluso dentro del mismo sistema, no tiene espacios”, afirma. Esa convicción fue la que llevó al equipo a entender la reconstrucción como una oportunidad para elevar los estándares de seguridad y calidad, en lugar de replicar las soluciones que existían antes del incendio.
Innovar para proteger vidas
Mario Bahamondes explica que la propuesta no consiste en desarrollar nuevos materiales, sino en integrar tecnologías existentes para responder a un problema que el megaincendio dejó en evidencia. Para ello trabajaron junto a un equipo multidisciplinario y a la Universidad Tecnológica Metropolitana (UTEM), que participó en el desarrollo arquitectónico del proyecto.
El sistema incorpora soluciones de protección pasiva que retrasan el avance del fuego y entregan más tiempo para evacuar una vivienda. Según Bahamondes, durante el megaincendio muchas casas fueron consumidas en cerca de 15 minutos, mientras que los ensayos realizados para este proyecto muestran que las soluciones implementadas permitirían superar los 45 minutos de resistencia. Además, los muros y techumbres alcanzan una clasificación F120.
“Cuando construimos una vivienda pensamos en que dure, pero también en que, cuando ocurra un incendio, la gente tenga la capacidad de salir. Eso es lo que nosotros tenemos que lograr”, sostiene. Y agrega que el objetivo no es evitar completamente un incendio, sino proteger a las personas. “No existe ningún material que detenga un incendio para siempre. Lo importante es darle tiempo a las personas para salir y salvar su vida”.
Necesidad de cambiar el sistema
Desarrollar la solución fue solo una parte del desafío. Ambos coinciden en que incorporar propuestas distintas a las tradicionales dentro de los procesos de reconstrucción ha significado enfrentar largos procesos administrativos. “Siempre ha sido la burocracia. Los sistemas administrativos para ingresar los proyectos, calificarlos y sacarlos”, comenta Bahamondes.
Torres agrega que cada innovación ha debido ser respaldada técnicamente en reiteradas ocasiones para obtener las autorizaciones necesarias, un proceso que, a su juicio, demuestra que innovar también implica generar cambios en la forma en que se evalúan las nuevas soluciones.
La seguridad como un derecho
Más allá del componente técnico, Bahamondes y Torres esperan que la experiencia de El Olivar contribuya a abrir una conversación sobre los estándares de la vivienda social en Chile. Para Edgar Torres, la reconstrucción representa una oportunidad para dejar atrás la idea de que las familias de menores ingresos deban conformarse con soluciones que solo cumplan los mínimos exigidos.
“Este salto cualitativo vale la pena evaluarlo desde dos puntos de vista. Uno es la democratización de la seguridad de la vivienda en sectores vulnerables”, afirma.
A su juicio, la seguridad y la calidad constructiva no deberían depender del lugar donde vive una familia ni de su nivel socioeconómico. Esa es la convicción que hoy guía el trabajo de Inhotep y que esperan proyectar hacia futuros procesos de reconstrucción, entendiendo que la innovación cobra verdadero sentido cuando responde a problemas reales y mejora la vida de las personas.

