Lo que Chile hace distinto en normas sísmicas: cada terremoto deja una lección, cada lección una norma nueva

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El terremoto que dejó edificios colapsados en Venezuela reabrió una pregunta incómoda: ¿podría pasar lo mismo en Chile? Para Cristian Cruz, académico del Departamento de Obras Civiles de la Universidad Técnica Federico Santa María (USM) e investigador del grupo de Ingeniería Sísmica, la respuesta es clara: es poco probable, y las razones no son casualidad sino el resultado de décadas de normativa, fiscalización y aprendizaje acumulado.

Ambos países comparten actividad tectónica, pero ahí terminan las similitudes estructurales. “Es difícil que ocurra algo así en Chile. Nuestra normativa sísmica favorece estructuras basadas en muros de hormigón, que son mucho más rígidos y limitan las deformaciones durante un terremoto”, explica Cruz. Esa rigidez es la que, según el investigador, hace muy difícil que se repitan los colapsos progresivos observados en Venezuela.

El objetivo de fondo de la ingeniería sísmica moderna no es evitar el daño, algo que Cruz considera prácticamente imposible, sino evitar que ese daño se traduzca en colapso frágil. La normativa chilena, reconocida internacionalmente, establece límites estrictos a las deformaciones que puede sufrir una estructura, privilegiando sistemas que disipan energía en lugar de quebrarse. Y esa normativa no es estática: cada gran terremoto deja aprendizajes que se incorporan a las exigencias de diseño, como ocurrió tras el terremoto del 27 de febrero de 2010.

A la normativa se suma un sistema de fiscalización con revisión independiente de cálculos estructurales, inspección técnica en obra y control permanente de la calidad de los materiales. Cruz atribuye parte del desempeño chileno también a la formación: la dinámica de estructuras e ingeniería sísmica se enseña en Chile a nivel de pregrado, algo que en muchos países queda reservado al postgrado. “En Chile existe una cultura sísmica muy desarrollada. Sabemos que cualquier error será puesto a prueba por un terremoto y eso genera una enorme responsabilidad en quienes diseñan, revisan y construyen”, sostiene.

El desafío pendiente, según el investigador, es perfeccionar la evaluación del riesgo sísmico en infraestructura estratégica, incorporando metodologías más avanzadas para anticipar comportamientos estructurales y respaldar futuras actualizaciones normativas. En la USM, el grupo de Ingeniería Sísmica ya trabaja en esa dirección con líneas de investigación sobre vulnerabilidad sísmica en infraestructura minera, comportamiento de puentes, simulación híbrida de estructuras y monitoreo dinámico de edificaciones.

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