“Es posible promover el bienestar y salud animal en los salmones con soluciones botánicas”. Marcela Delgado, veterinaria y MBA, llevaba años diciéndolo. Vinculada toda su vida a la acuicultura, se propuso concentrar su trabajo de investigación y desarrollo en fórmulas 100% no farmacológicas y biodegradables para lograr bienestar animal sostenible. Bajo la premisa de que los peces son seres sintientes, no durmió hasta lograrlo. Así nació Sudvet Corp. hace 16 años.
La compañía, de origen chileno pero con headquarters en Estados Unidos, rompió el statu quo de la salmonicultura en una época donde la medicina botánica era impensada como alternativa viable para el manejo de enfermedades animales. El camino fue cuesta arriba: mujer, con una idea disruptiva, en una industria altamente exigida por sus estándares de calidad.
700 especies investigadas y un salto internacional
Hoy Sudvet Corp. cuenta con un portafolio de 10 productos naturales, compuestos de extracciones botánicas de más de 700 especies investigadas y testeadas, con nuevas fórmulas en camino. Y este 2026 la empresa da el salto: a sus instalaciones en Puerto Varas y Estados Unidos sumará oficinas corporativas en Noruega, corazón de la salmonicultura mundial, Australia y Santiago.
¿Cómo lo hizo? Sin levantar capital de riesgo ni pasar por el ecosistema startup. “Avanzamos con fuerte trabajo y decisión de la mano de la industria para disminuir el consumo de antibióticos y antiparasitarios, saltando toda la etapa de venture capital y del ecosistema startup. Nuestra fórmula fue trabajar de manera incansable, con rigurosidad técnica, conociendo a la industria en toda su cadena de producción, reclutando a los mejores profesionales a nivel mundial, construyendo confianzas con nuestros proveedores internacionales. A pulso y sin rendirse nunca. Cuando estás tan adentro de un rubro sabes cuáles son las oportunidades de mejora”, señala Marcela Delgado, CEO de la compañía.
Menos fármacos en el salmón chileno
Según la compañía, sus esfuerzos en investigación y desarrollo han contribuido a que la industria salmonera chilena reduzca en 49% el uso de antibióticos, mientras que el país acumula una reducción de 75% en antiparasitarios. Cifras relevantes para una industria históricamente cuestionada por el uso de fármacos, y que hoy enfrenta mercados internacionales cada vez más exigentes en materia de sostenibilidad y bienestar animal.

