El Instituto de Sistemas Complejos de Ingeniería cuantificó por primera vez el impacto económico y social de una interrupción masiva de suministro. El hallazgo menos evidente: cada apagón también frena la electrificación que el país necesita para descarbonizar.
El apagón nacional de febrero de 2025 le costó al país cerca de US$984 millones. Es la cifra central del estudio “Estimación de Impactos de Blackouts en Chile”, elaborado por el Instituto de Sistemas Complejos de Ingeniería (ISCI) por encargo de Fundación Enel, que cuantifica por primera vez el costo económico y social de una interrupción masiva del suministro eléctrico. Uno de sus principales hallazgos es que estos impactos no dependen únicamente de la energía que deja de suministrarse, sino también del valor que esa electricidad tiene para las distintas actividades productivas y para el funcionamiento de la sociedad.
Rodrigo Moreno, académico de la Universidad Adolfo Ibáñez y uno de los responsables del estudio, señaló al respecto que “ahora que somos más conscientes de la falta de resiliencia, o que hay que mejorar la resiliencia precisamente para evitar estas grandes pérdidas cuando ocurren estos eventos a futuro, la idea es poder promover política pública y nueva regulación que nos lleve, a su vez, a promover inversiones que, precisamente, actúen como cobertura frente a estos riesgos”.
El informe también aborda efectos menos visibles, pero igualmente relevantes: una menor percepción de confiabilidad del sistema puede ralentizar la adopción de tecnologías como la electromovilidad o la electrificación de procesos industriales, además de incentivar inversiones individuales en sistemas de respaldo, con mayores costos y emisiones.
Una mirada compartida por Claudio Seebach, decano de la Facultad de Ingeniería y Ciencias de la Universidad Adolfo Ibáñez, quien destaca que “finalmente invertir en resiliencia no es un costo, sino que es un seguro, es un beneficio para la sociedad chilena. La conclusión más relevante es que esto no hay que mirarlo como un costo, sino que mirarlo como un valor que se pierde, pero que se puede evitar perder invirtiendo”.
La importancia de esta discusión también adquiere fuerza en el escenario energético actual, para el exministro de Energía, Juan Carlos Jobet, “es un tema del que nos acordamos solamente cuando el sistema falla, y es muy importante ponerlo como prioridad en la agenda de la discusión pública. Hoy, sin ir más lejos, la generación está en una situación de estrechez dada la sequía, y es importante que se tomen a tiempo las medidas necesarias”.
El estudio busca aportar evidencia para fortalecer la discusión de cómo construir un sistema eléctrico más resiliente, disminuir pérdidas tanto económicas como sociales e impulsar la competitividad de país en un contexto donde la electrificación y la transición energética avanzan cada vez más rápido.

