Por Lorraine Fones, Directora Grupo Orsan y CEO Holding Argon.
Toda planificación estratégica parte con una pregunta inevitable: ¿cómo vamos a crecer?
Son temas que aparecen en todos los directorios y equipos ejecutivos. Se analizan mercados, inversiones, nuevos negocios, rentabilidad, tecnología y riesgos. Se proyectan ventas, EBITDA y participación de mercado. En definitiva, se busca definir el camino o conjunto de acciones para crear más valor.
Una de las preguntas correctas para crear valor me parece que es: ¿Qué debemos preservar para que ese crecimiento sea posible y perdure en el tiempo?
A mi entender, esa es la verdadera pregunta de la sostenibilidad. Debería estar presente desde el momento en que esa estrategia se construye porque toda empresa puede crecer. El verdadero desafío es hacerlo sin deteriorar los activos que harán posible su crecimiento futuro. Una organización deja de ser sostenible mucho antes de enfrentar una sanción o incumplir una norma. Deja de serlo cuando pierde la confianza de sus clientes, cuando deja de desarrollar a sus personas, cuando debilita su gobierno corporativo, cuando asigna mal el capital, cuando posterga la innovación o cuando privilegia el resultado del próximo trimestre por sobre la creación de valor de largo plazo.
En definitiva, una empresa deja de ser sostenible cuando comienza a consumir aquello que necesita preservar para seguir siendo competitiva. Por eso integrar la sostenibilidad a la planificación estratégica no significa incorporar un nuevo capítulo al plan de negocios. Significa cambiar la forma en que evaluamos las decisiones.
Cada vez que se define una inversión, incorpora inteligencia artificial, desarrolla una nueva capacidad, adquiere una empresa, transforma un proceso o decide abandonar un negocio, debería preguntarse si esa decisión fortalece o debilita los activos que necesitará para competir en el futuro. Estará también en la calidad del liderazgo, en la confianza que genera la organización, en la capacidad de atraer y desarrollar talento, en la fortaleza de su gobierno corporativo, en la manera en que gestiona sus riesgos y en el impacto que produce sobre el entorno donde opera.
Cuando la sostenibilidad se integra de esa forma, deja de ser una exigencia y se transforma en una fortaleza. La planificación estratégica ya no consiste solo en definir el camino de cómo crecer, sino en asegurar que ese crecimiento pueda sostenerse en el tiempo.
Porque, al final, la sostenibilidad no es un destino. Es la disciplina que convierte una buena estrategia en una organización capaz de crear valor, adaptarse al cambio y trascender en el tiempo.

