En un nuevo capítulo del podcast Líderes que Inspiran, la ingeniera y fundadora de Fundación Comunidad Inclusiva alertó que los sistemas de reclutamiento automatizado pueden perpetuar sesgos contra las personas con discapacidad, las mujeres y los migrantes. Su llamado a los directorios: pesquisar el problema desde el diseño del proceso, no cuando ya es tarde.
El 17% de la población en Chile tiene algún tipo de discapacidad. Pero a ocho años de la implementación de la Ley de Inclusión Laboral, el cumplimiento sigue siendo la excepción: “Se sorprenderían de saber que solo el 24% de las empresas cumplen con la ley de inclusión laboral”, afirmó Carolina García Bergesio en el podcast Líderes que Inspiran, producido por Diario Sustentable junto al Instituto de Directores de Chile y Chapter Zero.
Carolina García Bergecio conoce ambos lados de la historia. En 2006, el taxi en que viajaba chocó de frente contra un camión. Estuvo siete meses sin poder mover el cuerpo. Venía del deporte de alto rendimiento, de la ingeniería y de la minería; tras el accidente, la empresa donde trabajaba la despidió al año de su regreso. “Me daba cuenta que el traje de ingeniero ya no me servía y me tuve que reinventar”, contó. En 2018, con la promulgación de la ley, fundó Comunidad Inclusiva, organización dedicada a incidir en políticas públicas y a instalar la discapacidad en la agenda de las empresas y sus directorios.
Cumplir la ley no es ser inclusivo
Para la fundadora, la diferencia entre las empresas que cumplen y las realmente inclusivas está en dónde se toma la decisión: “Desde el directorio, esto se toma como parte de la estrategia, no se lo dejan a un grupo de recursos humanos por allá que se encargue”.
Eso implica formar a los líderes y a los equipos, procesos de selección sin barreras, capacitación y algo que, según reportes que cita de Estados Unidos, suele faltar: feedback. “Queremos que nos den feedback, queremos participar de las capacitaciones, queremos que nos hagan procesos de carrera igualmente que todos los demás”, señaló.
También recordó una escena de sus inicios como consultora que retrata el punto de partida: un ejecutivo le pidió tres personas con discapacidad “pero que no se les note mucho”, para no tener que construir la rampa ni habilitar el baño.
La inteligencia artificial como nueva barrera
Sobre su paso por Congreso Futuro, Carolina García profundizó en un riesgo que considera subestimado por los directorios: “La inteligencia artificial aprende del pasado”, y si ese pasado está cargado de sesgos, los perpetúa. Mencionó chatbots que no reconocen la voz de personas con síndrome de Down, autistas o con hipoacusia, y filtros de reclutamiento que descartan currículums por género, discapacidad, universidad o comuna.
Su advertencia para los gobiernos corporativos es de diseño, no de reacción: los sesgos deben pesquisarse antes de que el proceso se ejecute, “porque si el proceso ya empieza a ejecutarse y yo me doy cuenta, después es muy caro volverlo a hacer todo nuevamente”.
En la otra cara, la tecnología ya está habilitando inclusión: tras la pandemia, el trabajo remoto permitió contratar a personas que antes quedaban fuera por barreras físicas, y los centros integrados de operaciones de la gran minería, que operan las faenas a distancia desde Santiago, hoy emplean a personas con discapacidad. Junto a la minería, destacó al retail y la banca entre los sectores que están avanzando, con porcentajes de contratación que en algunos casos duplican el 1% legal.
La deuda de fondo: la educación
Consultada por los desafíos pendientes, García apuntó a la enseñanza desde la primera infancia y entregó las cifras que explican el cuello de botella: del 17% de personas con discapacidad, solo el 40% tiene cuarto medio, solo el 8% ha pasado por un centro de formación técnica y menos del 1% completó la universidad. “Si queremos que haya más personas con discapacidad trabajando, necesitamos que haya mayor formación”, concluyó.
Antes de cerrar, dejó la característica que a su juicio definirá a los líderes del futuro: la humildad sistémica, la capacidad de preguntarse en cada decisión “¿a quién estoy dejando dentro? ¿y a quién estoy dejando fuera?”.

