Gabriela Mena y Benjamín Ceballo, estudiantes de la Universidad de Concepción y egresados del programa de mentorías científicas PROVOCA de AUI/NRAO, participaron en ASSET, un taller internacional que reunió a 40 jóvenes de economías APEC para diseñar emprendimientos sostenibles con impacto social.
Una estudiante de astronomía y un estudiante de ingeniería civil en telecomunicaciones viajaron a Corea para aprender a convertir problemas sociales en proyectos viables. Gabriela Mena (22 años, tercer año de astronomía) y Benjamín Ceballo (cuarto año de ingeniería civil en telecomunicaciones), ambos de la Universidad de Concepción, formaron parte de ASSET, sigla en inglés de APEC Capacitación para el Emprendimiento Sostenible y Social.
La iniciativa del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) llegó a Chile a través de la oficina de relaciones internacionales del Mineduc, que invitó a universitarios menores de 30 años a capacitarse en habilidades para el empleo y el emprendimiento, con énfasis en desarrollo sostenible, inclusivo y de impacto social. En total participaron 40 jóvenes de 10 economías miembro.
Ambos son egresados de PROVOCA, el programa de mentorías para talentos con vocación científica de AUI/NRAO, donde desarrollaron habilidades comunicacionales, de planificación y liderazgo.
Dos problemas, dos soluciones

Durante el desafío, los participantes trabajaron en equipos sobre problemas concretos.
El equipo de Gabriela abordó la falta de acceso a materiales educativos en comunidades donde cerca del 90% de la población tiene algún dispositivo tecnológico, pero muy pocas personas cuentan con conexión a internet. El problema no era el hardware, sino llegar a los textos escolares: incluso los docentes debían viajar a otras ciudades para comprarlos. La propuesta fue una base de datos en línea con libros y materiales descargables, adaptable a distintos modelos de enseñanza y países.
El equipo de Benjamín se enfocó en autosuficiencia económica y crecimiento inclusivo, pensando en adultos mayores que necesitan o quieren seguir trabajando tras jubilar debido a pensiones insuficientes. Diseñaron una plataforma con inteligencia artificial que construye el perfil profesional de una persona a partir de una conversación por voz, identifica habilidades adquiridas incluso en trabajos informales y la conecta con emprendimientos o empresas que requieren esa experiencia. Fue el proyecto ganador.
Según ambos estudiantes, la experiencia les permitió distinguir entre la innovación orientada principalmente a vender productos y la innovación social, que busca generar impacto positivo y construir modelos sostenibles a la vez. Una de las lecciones: una iniciativa social no tiene por qué depender solo de donaciones o de la voluntad de sus impulsores, y puede convertirse en una empresa viable si se diseña con un modelo de negocio.
El camino a la ciencia
Gabriela conoció PROVOCA entre 2022 y 2023, cuando evaluaba estudiar una carrera STEM y enfrentaba la posibilidad de dejar Punta Arenas. El apoyo de sus mentoras la llevó a postular a astronomía en la Universidad de Concepción, donde hoy es ayudante y vicepresidenta del centro de alumnos. También participó en “Brillantes, Mentes que iluminan”, serie exhibida en 2025 por NTV y basada en testimonios surgidos en las mentorías del programa.
“PROVOCA me ayudó a asentar mi interés por la astronomía y la planificación para hacerlo realidad, aterrizando ideas sobre cómo era la carrera, cómo era realmente la vida de un astrónomo y qué significaba hacer ciencia. Lo más relevante fue la seguridad de poder saber que yo podía perseguir ese desafío. Estoy muy agradecida con el programa y siento que sigue siendo una red fundamental en mi vida actualmente”, señala.
Benjamín llegó al programa para decidir entre la academia y la industria. Hoy busca comenzar un magíster mientras termina su ingeniería, con el objetivo de desarrollar investigación que mejore la calidad de vida de las personas.
“PROVOCA me ayudó a conocer qué caminos había y buscar activamente opciones para saber cuáles se adaptaban a mis intereses. Ahora estoy buscando alguna forma de crear una carrera que mezcle la investigación y la innovación tecnológica, y de paso trabajar en una industria, pudiendo incidir directamente en la sociedad y mejorar la calidad de vida de personas a través de la ciencia”, sostiene.
Sobre lo vivido en Corea, agrega: “La innovación apareció como una vía intermedia que combina investigación y aplicación práctica, pero con una preocupación explícita por las personas y la sociedad. La experiencia me ayudó a reducir las opciones profesionales, clarificar intereses y aumentar mi motivación y confianza”.
Para Gabriela, el principal aprendizaje estuvo en “(…) desarrollar habilidades transversales como trabajo en equipo, coordinación, comunicación intercultural, adaptación a distintas formas de trabajo, identificación de las capacidades propias y ajenas y disposición a aprender de todas las personas. También valoro la posibilidad de conectar mis intereses científicos con mi participación en organizaciones sociales y voluntariados”.
Infraestructura para equivocarse
El programa incluyó la visita a un centro de emprendimiento coreano que ofrece a quienes recién comienzan oficinas a bajo costo, biblioteca, wifi, salas de reuniones y áreas de prueba. Algunos emprendimientos gastronómicos incluso podían testear sus productos en una cafetería del mismo centro. Un espacio pensado para que personas jóvenes prueben ideas, armen equipos y asuman riesgos tecnológicos con respaldo institucional.
Los estudiantes también destacaron el contraste cultural: la sociedad coreana les llamó la atención por el respeto a las normas, el orden, el silencio y la etiqueta en espacios públicos. A su juicio, los latinoamericanos pueden aportar una forma más cercana y espontánea de conectar, como complemento al alto desarrollo tecnológico asiático.

