Por Sofía Frascaroli, Gerente Clientes, Marketing y Transformación Digital de Seguros SURA
Históricamente, la industria aseguradora ha cargado con el estigma de ser un sector transaccional y distante. Debemos ser francos, esta percepción no es casualidad. Durante años, operamos bajo una lógica puramente reactiva, donde la tecnología se limitaba a ser una herramienta administrativa, perpetuando procesos burocráticos que nos alejaban de las necesidades reales de las personas. Hoy, ese modelo está obsoleto. La transformación digital nos abre la puerta no sólo para optimizar procesos, sino para rediseñar la experiencia completa, demostrando que la eficiencia operativa puede —y debe— traducirse en cercanía.
Sin embargo, este avance convive con un temor legítimo: que la inteligencia artificial o el uso masivo de datos vuelvan la relación con el cliente algo puramente algorítmico y carente de sensibilidad. Pero la tecnología bien utilizada no enfría el vínculo, al contrario, permite entregar respuestas más oportunas, rápidas y personalizadas. Además, al automatizar tareas operativas, libera tiempo para que los equipos puedan enfocarse en lo más importante, acompañar con empatía cuando alguien necesita apoyo.
Este cambio de paradigma ya es palpable en cada interacción. Hoy, la analítica avanzada y la IA nos permiten anticipar riesgos antes de que ocurran, detectar fraudes con precisión milimétrica y agilizar la liquidación de siniestros de manera inédita. Reducir estas fricciones operativas tiene un impacto emocional directo, logramos que nuestros clientes sientan que, cuando más lo necesitan, su compañía de seguros está verdaderamente presente.
En este entorno digital, la confianza sigue siendo la base de todo. El uso de datos y de IA tiene que generar valor real para las personas, con transparencia, responsabilidad y un cuidado riguroso de la información. Porque más allá de incorporar nuevas tecnologías, el desafío está en transformar la forma en que las compañías trabajan, toman decisiones y se relacionan con sus clientes.
Ahí estará el gran diferenciador en los próximos años. Las empresas que logren integrar tecnología, datos, cultura y foco en el cliente serán las que marquen la diferencia. Y en un escenario que cambia constantemente, la capacidad de adaptarse rápido, probar, ajustar y evolucionar será clave para liderar una industria donde las personas esperan cada vez más cercanía, agilidad y confianza.

