El Ecolab Watermark™ Study 2025 revela una tensión creciente entre el avance de la Inteligencia Artificial y la presión sobre los recursos hídricos. Mientras un 60% de los chilenos confía en su impacto positivo, la mitad advierte riesgos concretos en el uso del agua.
En medio de una sequía estructural y un escenario de creciente presión sobre los recursos naturales, la relación entre tecnología y sostenibilidad vuelve a instalarse en el centro del debate. Así lo evidencia el Ecolab Watermark™ Study 2025, uno de los estudios de percepción sobre el uso del agua más relevantes a nivel global, que plantea una pregunta clave para el futuro: ¿cómo desarrollar industrias intensivas en datos sin profundizar el estrés hídrico?
El informe, desarrollado junto a la consultora Morning Consult, recoge la percepción de más de 26.000 personas en 15 países. En Chile, considera una muestra de 2.000 personas y entrega señales claras: el 94% de la población ve el acceso a agua limpia como una prioridad, mientras que un 64% afirma que el recurso ya es escaso en el país.
La IA: entre oportunidad y tensión hídrica
La Inteligencia Artificial aparece como una tecnología clave para el desarrollo económico, pero también como una nueva fuente de presión sobre el agua. Según el estudio, un 60% de los chilenos cree que la IA tendrá un impacto positivo en la sociedad, pero al mismo tiempo, un 50% considera que el agua utilizada para impulsarla está desviando recursos esenciales, y un 43% cree que su desarrollo implica un uso ineficiente del recurso.
El desafío no es menor. A nivel global, se estima que para 2030 el crecimiento asociado a la IA requerirá una cantidad de energía equivalente al consumo anual de India, además de volúmenes de agua comparables al consumo de Estados Unidos.
Cuando la sostenibilidad impacta en el consumo
La crisis hídrica ya no es solo un problema ambiental: está influyendo directamente en las decisiones de consumo. En Chile, 7 de cada 10 personas asegura que cambiaría o dejaría de comprar productos por razones ambientales, y un 64% cambiaría de tecnología o servicios digitales si estos usan menos recursos naturales.
Este cambio de comportamiento confirma una tendencia clave: la sostenibilidad dejó de ser un valor agregado para convertirse en una variable competitiva.
“Cuando vemos que una mayoría está dispuesta a cambiar de marca o proveedor por eficiencia en recursos, el mensaje es claro: la sostenibilidad dejó de ser un discurso y pasó a ser una ventaja competitiva”, señaló Juan Pablo Chahuán, Clúster Líder de Ecolab Chile.
Alta exigencia, baja confianza
El estudio también revela una brecha crítica entre expectativas y confianza. Aunque el 85% de las personas cree que las empresas deberían invertir en soluciones hídricas, solo el 46% confía en su compromiso real con la conservación del agua.
En el caso del Estado, la percepción es similar: apenas un 54% considera que el gobierno está comprometido con la gestión del recurso, reflejando una creciente demanda por acciones más concretas y medibles.
Este escenario instala una señal de alerta para el mundo público y privado: el discurso ya no es suficiente. La sociedad exige resultados, inversión y transparencia.
El agua como eje del desarrollo
El informe también identifica a los sectores que generan mayor presión sobre el recurso hídrico en Chile. La agricultura (59%), la minería (57%) y la industria de alimentos y bebidas (40%) son percibidos como los principales consumidores de agua.
Al mismo tiempo, el 60% de las personas cree que las empresas que incorporen procesos responsables de uso del agua serán las que marcarán la diferencia en el futuro.
Tecnología para resolver el problema que genera
Desde Ecolab plantean que la propia tecnología puede ser parte de la solución. Actualmente, solo el 20% del agua residual industrial se reutiliza, lo que abre una oportunidad significativa para optimizar procesos mediante herramientas como la Inteligencia Artificial.
“Podemos generar más energía para abastecer nuevas industrias, pero no podemos crear más agua. Ese es el límite real”, señaló Christophe Beck, CEO global de Ecolab.

