Por Claudio Muñoz, presidente Chapter Zero Chile
El reciente aluvión en San Carlos de Apoquindo y las tormentas extremas que golpearán durante esta semana a la Región Metropolitana no son anomalías meteorológicas ni eventos fortuitos: son la manifestación concreta e innegable de una nueva realidad climática. Eventos como este demuestran con crudeza que los impactos ambientales se traducen en pérdidas operativas, financieras y de valor para las empresas y la comunidad; y, lo que es peor, a veces involucran la pérdida de vidas humanas.
Frente a este escenario, los modelos de planificación tradicional han quedado obsoletos. Desde Chapter Zero Chile observamos con preocupación que muchas empresas y sus directorios cuentan con un nivel básico de preparación para enfrentar crisis no lineales e impactos en cascada, como los que estamos viviendo.
La resiliencia y la gobernanza del clima y la naturaleza no son un anexo ambiental ni un ejercicio decorativo de sostenibilidad; son el núcleo del deber fiduciario de los directores. Ignorar la evidencia o tratar la gestión de estos riesgos como un mero trámite es un error estratégico mayor. La naturaleza y el clima deben ser gestionados como activos críticos en la toma de decisiones, la asignación de capital y la evaluación del modelo de negocio a largo plazo.
Las empresas no operan en el aire. Como he sostenido firmemente, no conozco ninguna empresa exitosa en un entorno fracasado. Si no aseguramos la viabilidad y resiliencia de nuestros territorios, cuencas y comunidades, la continuidad de los negocios será prácticamente imposible.
Es urgente pasar a la acción, redefinir la estrategia corporativa e integrar la variabilidad climática extrema en el corazón de la gestión de riesgos. El futuro de nuestras organizaciones y de nuestro desarrollo depende de la urgencia con que como directores asumamos este compromiso hoy.

