En un seminario con la Universidad Católica del Maule y el INIA, la unidad de Tendencias y Riesgos de Suramericana planteó que el futuro de la región que concentra el 41,5% de las viñas del país depende de dos cosas: anticipar el clima y entender a un consumidor que está cambiando sus hábitos.
En Eslovenia hay una vid que lleva más de cuatro siglos produciendo uvas. Con esa historia abrió Luis Felipe Villegas, gerente de la Unidad de Tendencias y Riesgos de Suramericana, el seminario “El futuro del sector vitivinícola: perspectivas globales y escenarios para la Región del Maule”, organizado por Seguros SURA en Viña Casa Donoso.
“Esta imagen calza con el Maule, donde hay viñedos de 80 y 90 años que siguen produciendo. Lo que se decide hoy sobre los suelos y las plantas se va a notar durante décadas en las bodegas y en los vinos. Para quienes trabajamos en riesgos, eso significa mirar más allá de la próxima vendimia”, planteó.
El encuentro reunió a empresas y organizaciones vitivinícolas de la región, con exposiciones de Suramericana (subholding del que forma parte Seguros SURA), la Universidad Católica del Maule (UCM) y el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA).
Un sector que se achica
El seminario llegó tras un año en que la superficie de viñas del país se redujo. Según el Catastro Vitícola del SAG, Chile cerró 2025 con 110.768 hectáreas de vides viníferas, 5,3% menos que el año anterior.
El Maule es la región con más superficie plantada: en 2024 sumaba 48.565 hectáreas, el 41,5% del total nacional.
Cuatro escenarios para el Maule
Leidy Catalina Valencia, directora de la Unidad de Tendencias y Riesgos de Suramericana, cruzó cuatro tendencias globales (disrupción tecnológica, cambios demográficos, evolución de los mercados y transformación ambiental) con la realidad de la región.
El resultado son cuatro escenarios construidos según dos capacidades del sector: anticipar el clima y entender al consumidor. Van desde un Maule adaptativo, el más favorable y también el que exige mayor coordinación, hasta un territorio en contracción, con cierres de viñas y pérdida patrimonial.
“La adaptación protege la producción, pero no protege la demanda”, advirtió Valencia.
Los asistentes coincidieron. En una votación durante el seminario, 25 de las 37 respuestas apuntaron a los cambios en los patrones de consumo y la diversificación de la demanda de alcohol como el factor más relevante para el futuro del sector.
Datos no es lo mismo que conocimiento
Marcos Carrasco, director del Departamento de Ciencias Agrarias de la UCM, explicó que drones, imágenes satelitales, sensores e inteligencia artificial ya permiten estimar el vigor de las plantas, su consumo de agua y la presencia de enfermedades.
Pero advirtió que acumular datos no equivale a tener conocimiento. Cada herramienta debe probarse en un cuartel, compararse con lo que ocurre en la planta y corregirse durante varias temporadas antes de aplicarse a mayor escala.
El daño que se arrastra
Marisol Reyes, investigadora en vitivinicultura del Centro Regional Raihuén del INIA, abordó el efecto del clima. La zona central vive una megasequía desde 2010, y las olas de calor pueden estresar a las plantas incluso cuando el suelo conserva agua.
La investigación comienza a estudiar también el llamado efecto de arrastre: cómo el daño de una temporada puede reaparecer o acumularse en la siguiente.

