El defensor vuelve a Universidad de Chile tras 13 años en el extranjero. En paralelo a su carrera, la Fundación Lichnovsky y WATERisLIFE levantaron proyectos de agua, saneamiento e higiene en México y Kenia que hoy benefician a miles de personas.
En la comunidad de El Herrado, en Chiapas, algunas familias destinaban horas de desplazamiento para conseguir dos garrafones de agua potable y gastaban cerca de 500 pesos mexicanos en el proceso. Hoy acceden a agua potable dentro de su propia comunidad por 5 pesos.
El cambio es resultado de un proyecto desarrollado por la Fundación Lichnovsky junto a WATERisLIFE, la organización que trabaja en acceso a agua en comunidades vulnerables. Detrás está Igor Lichnovsky, el defensor de 32 años que esta temporada regresa a Universidad de Chile, el club donde comenzó su carrera profesional, después de 13 años fuera del país.
Qué contempla el proyecto en Chiapas
La intervención combinó infraestructura, tecnología y continuidad operativa. Se rehabilitó un pozo comunitario de 60 metros, se instaló un sistema de potabilización por ósmosis inversa y se aumentó la capacidad de almacenamiento hasta 12.500 litros.
El sistema incorpora además energía solar, lo que le permite seguir funcionando durante cortes eléctricos, un punto crítico en comunidades donde el suministro es intermitente.
El proyecto beneficia inicialmente a más de 2.000 personas. Contempla también la capacitación de miembros de la comunidad para que sean ellos quienes administren y mantengan el sistema, con el objetivo de sostenerlo en el tiempo sin depender de la organización que lo instaló.
Una cancha comunitaria en Nairobi
El otro frente de trabajo está en Kenia, donde Lichnovsky viajó junto a su familia para conocer en terreno las comunidades y los proyectos de WATERisLIFE.
Ese involucramiento derivó en la construcción de una cancha de fútbol comunitaria en Nairobi, junto a iniciativas de agua, saneamiento e higiene que benefician a miles de personas.
Hace algunos meses el jugador volvió a Kenia para conocer la cancha terminada. La inauguración incluyó un campeonato de fútbol con la comunidad, en el que Lichnovsky jugó los partidos junto a niños, jóvenes y adultos del lugar.
Para WATERisLIFE, el espacio no se mide solo como infraestructura deportiva, sino como un lugar seguro de encuentro, pertenencia y desarrollo para niños y jóvenes de la comunidad.
El punto de partida: el agua como condición de la propia profesión
El vínculo entre el futbolista y la causa nació de una constatación ligada a su oficio. Ningún deportista profesional puede entrenar, competir y recuperarse sin acceso permanente a agua limpia. Millones de personas en el mundo viven sin ese acceso.
A partir de esa reflexión, Lichnovsky decidió conocer la realidad de esas comunidades de manera directa, y no solo aportar recursos a distancia.
Esa es, según María José Terré, directora ejecutiva de WATERisLIFE, la diferencia de su participación. “Igor no llegó a hacer una donación y seguir su camino. Quiso entender el problema, conocer a las comunidades, viajar, escuchar y descubrir cómo podía ser parte de una solución. Con los años lo hemos visto involucrarse cada vez más hasta convertirse en parte de nuestra familia.”
Terré pone el foco en la plataforma que tienen los deportistas profesionales para movilizar causas fuera de sus disciplinas, sin plantearlo como una obligación del rubro.
“No creo que todos los deportistas tengan que involucrarse en el acceso al agua. Cada uno encontrará la causa que más sentido le haga. Pero sí creo que quienes tienen una voz capaz de inspirar a millones de personas tienen también una oportunidad enorme de generar cambios. Igor decidió hacerlo y hoy hay miles de personas cuya realidad es distinta gracias, en parte, a esa decisión.”
La relación entre la Fundación Lichnovsky y WATERisLIFE continuará con nuevos proyectos orientados a llevar agua potable y oportunidades a comunidades que todavía no tienen acceso.

