Mientras el sur de Chile enfrenta lluvias intensas, vientos fuertes y cortes de suministro eléctrico por un sistema frontal con río atmosférico, Europa vive el escenario opuesto: temperaturas que superaron los 40°C en España, Francia, Alemania e Italia, con alertas sanitarias, incendios forestales y récords históricos. La pregunta que surge desde Chile no es retórica: ¿podría el país enfrentar un episodio de calor de magnitud similar?
Jaime Leyton, meteorólogo de Megatiempo, identifica cuatro factores detrás del fenómeno europeo. Los dos primeros son estructurales: el hemisferio norte atraviesa su verano y tiene mayor continentalidad, con países que reciben nula influencia marítima. El tercero, dice, es el que amplificó todo: una “omega de bloqueo”, un patrón atmosférico extremadamente estable que sostuvo las condiciones de calor extremo durante un período prolongado. El cuarto factor, de menor peso pero presente, es El Niño, ya instalado en el sistema climático global.
Para Chile, Leyton es categórico: un fenómeno de esta naturaleza es posible, impulsado por El Niño en su máxima intensidad. Pero hay una diferencia estructural que cambia la ecuación: la menor continentalidad del hemisferio sur y la fuerte influencia marítima de Chile. Esto no descarta el riesgo, lo modifica: el país podría ver una mayor frecuencia de olas de calor, más extensas y con nuevos récords de temperaturas máximas, pero con valores numéricos inferiores a los registrados en Europa.
El trasfondo, advierte el meteorólogo, es el cambio climático: las olas de calor se presentan con mayor intensidad, tanto en temperaturas máximas como en su extensión en días.
Ese escenario ya está moviendo a la industria. Constanza Pantaleón, directora ejecutiva de Acción Empresas, describe las olas de calor como un desafío de gestión integral: afectan la productividad y el bienestar de los trabajadores, elevan el consumo energético para refrigeración, incrementan la huella de carbono y presionan la gestión de agua y residuos. Su lectura evita el alarmismo y apunta a la acción: adaptar procesos y adoptar medidas preventivas es, para las empresas, una oportunidad de volverse más eficientes y competitivas frente a la nueva realidad climática.
Esa lógica preventiva ya tiene un instrumento concreto: el “Protocolo empresarial de protección frente al calor”, impulsado por Acción Empresas junto a Bupa Chile, con la adhesión de seis empresas, AES Chile, Asociación Chilena de Seguridad, Cámara Chilena de la Construcción, Correos de Chile, Mutual de Seguridad y SQM, y el respaldo técnico de la OIT, el Gobierno Regional Metropolitano y el Centro de Cambio Global UC.
Para Pantaleón, el valor de la alianza está en su carácter intersectorial: el cambio climático trasciende a cualquier industria, y solo estandarizando medidas preventivas concretas es posible instalar una cultura de autocuidado y garantizar entornos de trabajo seguros ante las altas temperaturas.

