Durante años, los locales gastronómicos de Plaza Ñuñoa hicieron lo mismo que hace casi todo el comercio chileno con sus residuos orgánicos: los embolsaron, los sacaron a la vereda y los mandaron al relleno sanitario. Sin costo aparente, sin mayor cuestionamiento. Hoy, quince de esos locales están haciendo algo distinto. Y los números muestran que vale la pena.
El proyecto “Red Asociativa Estación Verde Plaza Ñuñoa Zero”, apoyado por Corfo Metropolitano, pasó de recolectar 300 kilos de residuos orgánicos en enero a superar los 6.000 kilos solo en abril, acumulando cerca de 20 toneladas en total en ese período. De esa materia, se han obtenido aproximadamente 2.000 kilos de compost, que se comercializarán en formato de 2,5 kilos con una proyección de ingreso bruto cercana a $1.800.000 bimensuales.
Lo que antes era un costo invisible se está convirtiendo en un flujo de negocio concreto.
Asociatividad como condición, no como accesorio
Lo que hace distinto a Plaza Ñuñoa Zero es que el punto de partida fue la colaboración, no la infraestructura. El proyecto nació con tres locales y hoy suma quince, incorporando progresivamente rubros que van más allá de la gastronomía. Más de 100 trabajadores han sido capacitados en separación, clasificación, almacenamiento y coordinación logística, porque sin esa base operacional el sistema simplemente no funciona.
Hugo Córdova, presidente de la Cámara de Comercio, Turismo y Emprendedores de Ñuñoa, lo sintetiza así: cuando las organizaciones, los emprendedores y las instituciones trabajan de forma colaborativa, es posible generar cambios concretos y sostenibles.
El acompañamiento institucional lo provee Corfo Metropolitano a través de su programa Red Asociativa, línea que apoya precisamente este tipo de articulaciones entre empresas para mejorar su competitividad colectiva. La Municipalidad de Ñuñoa, por su parte, facilitó en comodato el espacio donde se instaló el punto limpio tecnificado, infraestructura clave para la operación del sistema.
Un modelo con proyección territorial
La iniciativa contempla seguir sumando locales, reducir progresivamente los residuos orgánicos enviados a vertedero, fortalecer el modelo de valorización e incorporar nuevas tecnologías al punto limpio. La proyección de sus impulsores es clara: Plaza Ñuñoa Zero puede replicarse en otros barrios del país.
Para Marcelo Leyton, presidente de la Asociación Gremial Barrio Plaza Ñuñoa, lo que está ocurriendo es un cambio cultural: los residuos dejan de ser un problema para convertirse en una oportunidad de desarrollo para el barrio.

