Durante años, los locales gastronómicos de Plaza Ñuñoa hicieron lo mismo que hace casi todo el comercio chileno con sus residuos orgánicos: los embolsaron, los sacaron a la vereda y los mandaron al relleno sanitario. Sin costo aparente, sin mayor cuestionamiento. Hoy, quince de esos locales están haciendo algo distinto. Y los números muestran que vale la pena.