Por Angelina Valenzuela, Coordinadora Sr de Sustentabilidad y Medio Ambiente
Hay algo que he aprendido en sostenibilidad y es que los cambios más importantes no parten de los residuos, comienzan en las personas, cuando decidimos hacernos cargo, con distintos actores sentados en la misma mesa. Cuando una empresa entiende que avanzar en reciclaje también significa escuchar, aprender y construir junto a otros.
En Arcos Dorados, la franquicia que opera McDonald’s en Chile, esa ha sido una de las principales convicciones detrás de nuestra estrategia “Receta del Futuro”. La sostenibilidad va más allá de un área o una acción puntual. Se construye todos los días, desde los restaurantes, en las decisiones pequeñas y, sobre todo, en las alianzas que somos capaces de generar y mantener. Y probablemente una de las experiencias que más me ha marcado ha sido el trabajo con recicladores de base.
Muchas veces hablamos de economía circular desde los indicadores o las metas, pero detrás de todo eso hay personas que llevan años impulsando el reciclaje desde los territorios, con experiencia, conocimiento y un compromiso enorme con el entorno. Compartir con ellos cambia la forma en que uno entiende el impacto que puede generar una iniciativa cuando existe colaboración real.
A través del trabajo junto a CEMPRE y ReSimple hemos podido avanzar en iniciativas vinculadas a la valorización de cartón y fortalecimiento de redes de reciclaje. Pero más allá de los resultados, lo más valioso ha sido entender que el reciclaje es también una oportunidad para conectar comunidades, generar inclusión y construir una cultura ambiental mucho más cercana.
Lo mismo ocurre cuando vemos a niños interactuar con el “Robot del Reciclaje”, una iniciativa desarrollada junto a ReSimple para acercar la educación ambiental de manera lúdica. Ahí uno entiende que el desafío también es lograr que las nuevas generaciones crezcan relacionándose de manera distinta con los residuos y el cuidado de su entorno.
Hay iniciativas que muchas veces pasan más desapercibidas, como el compostaje de residuos orgánicos o el reciclaje de aceite. Procesos que ocurren detrás de la operación diaria, pero que reflejan cómo pequeñas acciones sostenidas en el tiempo pueden generar cambios concretos.
Personalmente, creo que ahí está el verdadero valor de la economía circular, en tener la capacidad de conectar distintos mundos que antes parecían aislados. Empresas, recicladores, organizaciones, comunidades y nuevas generaciones siendo parte de una misma conversación.
Por eso valoro especialmente espacios como la Expo de Recicladores, donde tendremos la oportunidad de compartir en el panel “Experiencias y oportunidades para recicladores de base desde la industria”. Porque más allá de mostrar iniciativas, estas instancias permiten escuchar experiencias, abrir nuevas conversaciones y seguir construyendo redes de colaboración que hacen avanzar el reciclaje en Chile.
En el Día Mundial del Reciclaje, más que hablar de residuos, me gusta pensar que estamos hablando de cómo queremos relacionarnos con nuestro entorno y con las personas que son parte de ese cambio. Y cuando esa transformación se construye en conjunto, el impacto, sin duda termina siendo mucho más grande.

