La líder de la iniciativa público-privada de Fundación Chile habló en el podcast El Club de la Sustentabilidad sobre la brecha entre percepción y realidad del reciclaje en Chile, y las claves para la Semana Nacional del Reciclaje 2026.
Esta conversación se realizó en el podcast El Club de la Sustentabilidad de Diario Sustentable. El episodio completo está disponible en todas las plataformas.
Más del 50% de las personas en Chile dice que recicla. Pero en la práctica, no llegamos ni al 10%. Y el problema no es el plástico. Es cómo lo usamos.
Cada vez que una botella aparece en la playa o un envase queda tirado en la vereda, el plástico se convierte en el villano de la historia. Pero esa narrativa, según Alejandra Kopaitic, está alejando al país de las soluciones reales.
“El plástico es un material, un muy buen invento. Nos ha ayudado en salud, inocuidad alimentaria, tecnología y educación. El problema es cuando lo usamos mal o para cosas innecesarias”, explica.
Desde su rol liderando el Pacto Chileno de los Plásticos, una iniciativa público-privada impulsada por Fundación Chile y el Ministerio del Medio Ambiente, su diagnóstico es claro: el plástico no sobra. Sobra el mal uso.
El problema parte antes del reciclaje
Uno de los principales focos del Pacto ha sido eliminar los plásticos problemáticos e innecesarios. Y ahí aparece una de las tensiones menos discutidas: el sobreempaque.
“Hay productos donde simplemente no se necesita tanto plástico. Es ahí donde hay que actuar primero, antes de hablar de reciclaje”, plantea Kopaitic.
El orden importa.
Primero reducir. Después gestionar.
Pero en Chile, muchas veces, ese proceso ocurre al revés.
La ilusión de que estamos reciclando
El país enfrenta una brecha crítica entre percepción y realidad.
Distintos estudios muestran que más del 53% de las personas declara reciclar. Pero cuando se mira el dato duro, la cifra real no supera el 10%.
“Decimos que reciclamos más, pero en la práctica reciclamos menos. Hay una percepción mucho más alta de lo que realmente está pasando”, advierte.
Chile cree que está reciclando. Pero no lo está.
Y esa diferencia no es menor. Es una señal de que el problema no es solo técnico, sino también cultural.
No es falta de infraestructura
Una explicación común apunta a la falta de puntos limpios o sistemas de recolección. Pero el diagnóstico es más complejo.
“La capacidad técnica de reciclaje en Chile existe. El problema es que el material no llega como debería”, explica.
Muchas veces los residuos llegan contaminados o mal separados, lo que hace imposible su reciclaje. Resultado: todo termina desechándose igual.
A esto se suma un desafío estructural: la centralización. Gran parte de la infraestructura está en la Región Metropolitana, dejando a otras zonas del país con opciones limitadas.
El cambio que puede mover la aguja
Si pudiera hacer un cambio inmediato, Kopaitic lo tiene claro: separación domiciliaria de residuos orgánicos e inorgánicos y descentralización de la infraestructura de valorización.
“El 58% de los residuos que se generan en las casas son orgánicos. Si logramos separar bien eso, el impacto es enorme”, señala.
El verdadero desafío: cambiar hábitos
Más allá de la tecnología o la infraestructura, el punto crítico está en la cultura. Hoy, el reciclaje sigue siendo visto como una acción puntual. Un “check” dentro de la lista de ser más sustentable. Pero eso no alcanza.
“El reciclaje debiera ser un hábito cotidiano. Y antes de eso, tenemos que cuestionar cuánto consumimos”, plantea.
Porque al final, la ecuación es simple: el mejor residuo es el que no se genera.

