Por Elías Zavala, Director de Operaciones de Arcos Dorados Chile.
Para hablar de sustentabilidad, junto con mencionar indicadores, me gusta hacerlo a partir de situaciones reales. Imaginemos, por ejemplo, un restaurant McDonald’s un fin de semana, a la hora de almuerzo, porque es ahí donde las buenas intenciones se ponen a prueba.
Cuando un restaurante está operando a máxima capacidad, con equipos atendiendo clientes, preparando productos y resolviendo cientos de tareas al mismo tiempo, separar correctamente un residuo puede parecer un detalle menor. Pero justamente ahí está la diferencia entre decir que la sustentabilidad importa y hacer que realmente ocurra.
Durante años hemos hablado de economía circular, reciclaje y gestión responsable de residuos, son conceptos relevantes, pero muchas veces se quedan en un nivel demasiado abstracto. En Arcos Dorados hemos aprendido que las transformaciones reales ocurren cuando esos conceptos se convierten en hábitos.
Cuando un equipo sabe exactamente dónde va cada material, cuando existe un espacio para almacenarlo, cuando alguien lo retira, cuando se mide, cuando se puede demostrar qué pasó con ese residuo. En otras palabras, cuando la sustentabilidad deja de ser una idea y pasa a ser parte de la operación.
Eso es lo que más valoro del trabajo que hemos desarrollado junto a ReSimple. Detrás del reconocimiento recibido como el primer establecimiento gastronómico de la Región Metropolitana en obtener el Sello HORECA, hay algo mucho más importante que un sello que lo confirme: hay procesos funcionando y personas comprometidas.
Los resultados ayudan a dimensionarlo, solo durante 2026 hemos gestionado cerca de 50 toneladas de residuos reciclables en 31 restaurantes McDonald’s Chile, principalmente cartón y envases livianos. Pero más allá del número, lo relevante es que esas toneladas existen porque cientos de personas hicieron correctamente pequeñas acciones todos los días.
Y quizás ahí está una de las lecciones más importantes. La economía circular no se construye con grandes gestos, se construye con consistencia.
Con equipos que entienden que separar un cartón también es parte de hacer bien su trabajo, con colaboradores que incorporan nuevas prácticas sin perder de vista la excelencia operacional, con niños y familias que aprenden sobre reciclaje de manera simple, incluso a través de iniciativas tan cotidianas como nuestro Robot de Reciclaje.
Muchas veces se piensa que la comida rápida y la sustentabilidad son temas distintos. Yo creo exactamente lo contrario, las mejores iniciativas ambientales son aquellas que logran integrarse naturalmente al negocio, sin depender de campañas puntuales o esfuerzos extraordinarios.
Cuando eso ocurre, dejan de ser una tarea adicional, y pasan a formar parte de la cultura.
Ese es, a mi juicio, el verdadero desafío para las empresas que queremos avanzar en sostenibilidad: lograr que las personas no tengan que elegir entre operar bien o hacerlo de manera responsable, que ambas cosas sean exactamente lo mismo.
Porque al final, la economía circular no comienza cuando publicamos una meta. Comienza cuando alguien, en medio de una jornada cualquiera, toma la decisión correcta y la repite todos los días, ahí es donde ocurre el cambio de verdad.

