El gobernador de Santiago respondió a las críticas por la caída en la velocidad vehicular del sector durante el Foro Genoma RM de la Usach, donde especialistas de Barcelona y Buenos Aires debatieron qué tipo de ciudad inteligente puede llegar a ser la capital.
Un estudio que evidenció una caída en la velocidad de circulación en Plaza Baquedano tras la remodelación del sector abrió una discusión que el gobernador de Santiago, Claudio Orrego, respondió desde el Centro Gabriela Mistral (GAM).
“Este es un proyecto que puso a las personas en el centro. Si tiene una pista más o una menos eso se discutió y se impuso el criterio de la Municipalidad de Providencia”, señaló la autoridad, que abrió la puerta a revisar el diseño más adelante: “posiblemente en un año más se reevalúe la vía que falta y que la quitó Providencia. No era estrictamente necesaria, pero al final del día lo importante es que las personas, el transporte público y los ciclistas tengan un rol en la ciudad, que esta solución lo logra”.
Su síntesis fue directa: “hay que aprender que la ciudad está hecha para las personas, no para los autos”.
Orrego aprovechó la instancia para insistir en otro punto de fricción con el gobierno central, la decisión de no retomar el proyecto de ciclovía que conectaría Plaza Baquedano con Pajaritos. “Estamos convencidos que una ciudad caminable y pedaleable es no solo más sustentable sino saludable. Oponerse a terminar una obra que ya llevaba 2/3 construida, es un desincentivo por donde se le mire. Es una inversión bastante marginal con respecto a una autopista, por ejemplo”, remarcó.
La ciudad de los 15 minutos
Las declaraciones se dieron en el marco del Foro Genoma RM, organizado por la Dirección de Innovación y Emprendimiento de la Universidad de Santiago, un encuentro de innovación territorial que reunió a especialistas nacionales y extranjeros para discutir cómo integrar tecnologías digitales en redes, servicios e infraestructura urbana.
El rector de la Usach y doctor en Ingeniería Industrial, Pedro Palominos, planteó que la meta debería ser instalar el concepto de “ciudad de los 15 minutos”, donde los habitantes tengan tiendas, farmacias, supermercados, universidades, clínicas y hospitales a su alcance. “Aquí en Santiago te trasladas horas y horas para tener servicios. Eso se puede modificar, pero hay que tener una propuesta política definida”, detalló.
Palominos apuntó al trabajo colectivo como condición para cualquier avance. “Los grandes desafíos del siglo XXI ya no pueden enfrentarse desde instituciones aisladas ni desde disciplinas que dialogan únicamente consigo mismas. La complejidad del mundo que habitamos exige nuevas formas de colaboración y, sobre todo, una nueva manera de comprender el papel que cumple el conocimiento en el desarrollo de nuestras sociedades”, comentó.
El rector agregó que se trata de “conectar capacidades que hoy existen, pero que muchas veces permanecen dispersas; construir puentes entre quienes generan conocimiento y quienes toman decisiones; y avanzar hacia un modelo de desarrollo donde la investigación, la innovación, el emprendimiento y las políticas públicas dejen de transitar por caminos paralelos para transformarse en una estrategia común de desarrollo territorial”. Y remató: “La Universidad de Santiago de Chile entiende esa responsabilidad y quiere ejercerla con decisión. No aspiramos únicamente a generar conocimiento. Aspiramos a conectar capacidades, a fortalecer ecosistemas de innovación y a contribuir activamente al desarrollo del país”.
Qué aprender de Barcelona (y qué no copiar)
La charla inaugural estuvo a cargo de Antoni Paz, presidente de la Comisión de Innovación del Distrito 22@ de Barcelona y director de la Fundación kimBCN. El especialista español, que conoció Chile antes de la pandemia, relativizó la percepción sobre seguridad en la capital: “Santiago es como cualquier ciudad donde te pueden robar el celular al igual que en Barcelona”.
Paz valoró la política de Smart City de la capital y sus capacidades de innovación, pero puso el foco en la escala, el desafío es pasar de un piloto acotado, como fue Las Condes, a los puntos más alejados de la ciudad.
Consultado sobre cómo mejorar la calidad de vida, apuntó a un cambio cultural respecto del rol de la empresa. “Este tema es cultural y ocurre en todo latinoamérica, también en España, donde se confunde tu propia ideología con el bien de los demás”, dijo, planteando que los negocios no siempre son el enemigo y que progresar es tan legítimo como no querer hacerlo.
Sobre el Distrito 22@, describió la transformación de una zona industrial gris, con humo y fábricas en decadencia, en un barrio moderno con salida al mar, escuelas, universidades y las viviendas más caras de la ciudad. “Cuando llegas ahí no te das cuenta de lo que fue en el pasado. Ese cambio se logró a través de personas que tenían un encargo que era rehabilitar aquello con la complicidad del gobierno y la Municipalidad de Barcelona. Tuvieron la audacia de defenderlo y aportar los recursos para generar un nuevo barrio”, planteó.
Desde Buenos Aires llegó una advertencia en sentido contrario. Augusto Clement, exdirector general de Ciencia y Tecnología de la Ciudad de Buenos Aires y fundador de Boti BA, sostuvo que el primer paso para Santiago es no copiar. “Estamos tentados de copiar lo que hizo Barcelona y la verdad es que lo primero es ver las capacidades que tiene la capital chilena, estudiarlas y comenzar a reclamar ese talento”, señaló.
Clement explicó que las ciudades del mundo ya dejaron de aspirar a ser Silicon Valley y hoy se especializan. “Lo que hacen es ciberseguridad en el caso de Israel; Ruta 3 de Boston es salud; Argentina es agro… entonces qué va a ser Santiago ¿minería?. Deberían armar eso. Chile lo que tiene es excelente, de primer nivel en latinoamérica, y con articulación además de que tener una ciudad más vivible, van a atraer mucho talento”, afirmó.
Innovación pública desde la universidad
La vicerrectora de Investigación, Innovación y Creación de la Usach, Andrea Mahn, coincidió con Paz en que las condiciones para hacer innovación productiva están mejor dadas en el sector privado por tiempos y recursos. “Sin embargo, la innovación pública y social se hace desde la universidad”, precisó.
Para Mahn, el camino de Santiago hacia una Smart City pasa por aprovechar la infraestructura existente, tal como ocurrió en el Distrito 22@. “Hay que hacer un reordenamiento y un uso óptimo de aquellos espacios que están subutilizados”, concluyó.

