Un equipo del Laboratorio de Ultrasonido Cuantitativo desarrolló Mammo-Q, un accesorio para ecógrafos que entrega biomarcadores de rigidez y viscosidad del tejido en minutos. Ya trabaja con el Instituto Oncológico FALP y el Instituto Nacional del Cáncer.
El camino para confirmar un cáncer de mama en Chile es largo y tiene un punto de quiebre conocido: la mamografía o ecografía convencional detecta una sospecha, el caso se deriva a biopsia y la confirmación puede tardar semanas. En el intertanto, la decisión descansa en la observación de un operador que no puede determinar a simple vista si un nódulo es benigno o maligno.
Ese vacío es el que apunta a llenar Mammo-Q, la tecnología desarrollada en el Laboratorio de Ultrasonido Cuantitativo de la Universidad Técnica Federico Santa María (USM). El proyecto es liderado por Joaquín Mura, académico del Departamento de Ingeniería Mecánica y director del laboratorio, junto a Constanza Flores, ingeniera en Diseño de Productos USM especialista en análisis de imágenes médicas —resonancia magnética, tomografía computacional y ultrasonido.
“Mammo-Q es un dispositivo compuesto por hardware y software que funciona como un accesorio para los ecógrafos. Esta innovación genera mapas de color de rigidez y viscoelasticidad simultáneamente. A diferencia de lo que se hace tradicionalmente nuestra ‘palpación digital’ entrega biomarcadores para estratificar el riesgo y descartar malignidad in-situ, priorizando los casos urgentes y descongestionando el sistema de salud”, explica Flores.
El problema no es solo la falta de médicos
Mura pone el foco en una carencia distinta a la que suele ocupar el debate sobre acceso a salud en regiones. “El problema central no es solo la falta de médicos en regiones apartadas, sino la falta de herramientas objetivas. La ecografía convencional la realiza un operador-dependiente, y es la manera en que se hace un primer filtro. Al carecer de métricas cuantitativas para diferenciar nódulos benignos de malignos con certeza, los médicos derivan excesivos casos a biopsia para evitar riesgos, generando un cuello de botella. Esto satura los servicios de patología, generando listas de espera”, señala.
La propuesta técnica busca entregar esa métrica. El diseño portátil integra un actuador que genera vibraciones específicas junto con ultrasonido, y un software que reconstruye mapas del tejido en tiempo real. “Lo que hacemos es generar una vibración en el tejido, capturamos el movimiento que observamos con el ecógrafo y lo transformamos a un mapa de color asociado con las propiedades viscoelásticas. Esto nos indica no solo el nivel de rigidez, también la viscosidad del tejido y con eso podemos estratificar. De acuerdo con estudios recientes, la viscosidad tiene la ventaja de servir como biomarcador para ayudar a calificar como benigno o maligno a un tumor, de manera no invasiva”, detalla el académico.
Un dato clave para su adopción: el dispositivo es compatible con ecógrafos ya instalados, lo que evita grandes inversiones en equipamiento nuevo para los centros de salud.
Fantomas de gelatina y grafito para entrenar
Para validar la tecnología, el equipo fabricó fantomas mamarios: dispositivos calibrados que simulan distintas condiciones del tejido y permiten entrenar la identificación de lesiones en un entorno controlado. “Están hechos de gelatina, grafito, y otros componentes de mayor duración, capaces de mimetizar las propiedades mecánicas del tejido humano”, puntualiza Mura.
Esos mismos fantomas abren una segunda línea de uso: la formación de matronas, figuras clave en la detección temprana y en el acompañamiento de pacientes.
Dónde está el proyecto hoy
Mammo-Q se encuentra en etapa de validación técnica tras adjudicarse el fondo Semilla Inicia Nacional 2025 de Corfo, con apoyo del 3IE, donde fue preincubado. También integra las iniciativas seleccionadas en el programa “EBCT Inicia 2026” del proyecto InES I+D USM. En paralelo, el equipo colabora con el Instituto Oncológico FALP y el Instituto Nacional del Cáncer para probar la tecnología en entornos clínicos reales.
La iniciativa nace de las investigaciones del Laboratorio de Ultrasonido Cuantitativo, enfocado en mejorar técnicas de detección de propiedades mecánicas mediante ecografía, elastografía y ecodoppler, entre otras. El equipamiento fue adquirido gracias a un Fondequip (EQM210141) y opera desde 2024.

