El crédito, a un plazo de 7 años, considera metas anuales de sostenibilidad, como la valorización de residuos y la generación de energía a partir de residuos y fuentes solares, cuyo cumplimiento impactará directamente las condiciones del financiamiento.
A diferencia de un crédito tradicional, este tipo de instrumento ata las condiciones del financiamiento —como la tasa u otros beneficios— al cumplimiento efectivo de metas de sostenibilidad definidas previamente por la empresa. En el caso de VOLTA, esas metas son anuales e incluyen la valorización de residuos y la generación de energía a partir de residuos y fuentes solares. Si la compañía no cumple los objetivos comprometidos, las condiciones del crédito se ven directamente afectadas.
“A través de este financiamiento estamos integrando la sostenibilidad en nuestra estrategia de negocio, no solo desde lo operativo, sino también desde la forma en que estructuramos nuestro crecimiento”, señaló Felix Wong, CFO de Grupo Volta. “La incorporación de metas concretas en este crédito nos permite avanzar con mayor disciplina en el cumplimiento de indicadores clave para nuestro negocio.”
Desde Scotiabank, Luis Felipe Irarrázaval, MD & Head of Corporate Banking & Capital Markets, destacó el rol del banco como socio en la transición hacia modelos de negocio más sostenibles: “Buscamos ser un socio estratégico para nuestros clientes, acompañándolos con soluciones que integren desempeño financiero y sostenibilidad de largo plazo. Por eso estamos orgullosos de apoyar a VOLTA en este importante paso.”
La operación involucra a distintas entidades del grupo como deudores, en una estructura que busca reforzar la solidez financiera del financiamiento y su alineación con los objetivos de largo plazo de la compañía.
El caso de VOLTA se suma a una tendencia creciente en la banca corporativa chilena: instrumentos financieros que condicionan el costo del crédito al desempeño ambiental real de las empresas, en lugar de limitarse a evaluar solvencia financiera tradicional.

