Por Aníbal Abogabir, gerente de Comunidades y Asuntos Públicos de SQM
Hay un elemento que conecta a los hospitales del mundo con el desierto de Atacama: el yodo. Está presente en la sal yodada, en medicamentos y en los medios de contraste que permiten realizar exámenes mediante imágenes. Y es que, sin yodo, muchos diagnósticos simplemente no ocurrirían.
Para quienes trabajamos en el norte de Chile, esa conexión no es un dato de contexto, sino que es un punto de partida. Si el yodo que extraemos contribuye a la salud global, tiene sentido que ese mismo compromiso quede de manifiesto en las comunidades donde operamos.
Por eso, la salud es un eje central de nuestros programas de Valor Social Compartido. Lo demostramos con clínicas móviles que recorren zonas rurales y costeras realizando operativos de exámenes preventivos para la detección oportuna del cáncer; con miles de atenciones de médicos especialistas que contribuyen a reducir las listas de espera; y con unidades móviles de salud bucal que llegan a sectores donde la odontología es prácticamente inaccesible.
Sin embargo, es importante ir más allá y atacar el problema de fondo. La región de Tarapacá y Antofagasta tienen una tasa de 0,7 y 0,86 médicos especialistas por cada 1.000 habitantes, frente a un promedio nacional de 1,76 y una región metropolitana con 2,5. Cerrar esa brecha requiere algo más que presencia inmediata: pide avanzar apoyando la formación de los profesionales de la salud que el norte necesita.
En este contexto es que, junto a la Universidad Arturo Prat (UNAP), la Universidad de Antofagasta y las autoridades regionales, lanzamos becas de especialidad en medicina interna y medicina familiar para ambas regiones, orientadas a la prevención del cáncer y las enfermedades crónicas. Se trata de una iniciativa que se suma a los esfuerzos regionales por formar especialistas, apostando por construir un ecosistema de salud más robusto y permanente en la región, complementando también los planes de la UNAP para lanzar en 2027 la primera escuela de medicina para Tarapacá.
Mientras el trabajo a largo plazo sucede, actuamos en conjunto con autoridades comunales para atender problemas inmediatos: se realizó la puesta en operación de la base SAMU en Pozo Almonte, importante iniciativa que fortalecerá la atención médica y respuesta oportuna en la Provincia del Tamarugal. Antes, la salud y vida de una persona dependía de un servicio de urgencia que podía demorar hasta una hora, ya que venía desde Iquique. Hoy, con el esfuerzo interinstitucional, los habitantes de estas comunas cuentan con una ambulancia a disposición, salvando vidas a diario.
El espíritu que nos mueve es simple: como empresa tenemos la responsabilidad de contribuir al bienestar de las comunidades con las cuales convivimos en nuestro día a día. Por ello, que el norte de Chile cuente con más y mejor salud no es solo una meta sanitaria. Es desarrollo sostenible y responsable.

