Por Francisco Figueroa, CEO & Founder de Apiux Tech
Durante años, la transformación digital fue entendida como un desafío de las áreas de tecnología. Sin embargo, la irrupción acelerada de la inteligencia artificial está modificando esa lógica. La conversación en los directorios ya no debe pasar por si una organización debe adoptar IA, sino por la velocidad con que sus líderes son capaces de integrarla a la estrategia corporativa.
Un reciente informe de KPMG reveló que más del 70% de las directoras de empresas considera que la inteligencia artificial tendrá un impacto alto o transformacional en sus organizaciones durante los próximos tres años. Sin embargo, una proporción importante reconoce que sus directorios aún no cuentan con el nivel de conocimiento suficiente para supervisar adecuadamente estos procesos. Esa brecha es probablemente uno de los mayores riesgos competitivos de la próxima década.
La evidencia internacional es cada vez más contundente. Según McKinsey, las compañías que incorporan IA generativa en áreas críticas podrían incrementar su productividad entre un 20% y un 40%, dependiendo de la industria. PwC estima que la inteligencia artificial podría aportar hasta US$15,7 billones a la economía global hacia 2030. Y un estudio de Accenture concluyó que las empresas que combinan liderazgo, talento e IA de manera estratégica tienen 2,5 veces más probabilidades de alcanzar un crecimiento superior al promedio de su sector.
Pero los beneficios no son únicamente económicos. La IA permite optimizar procesos, reducir tiempos operacionales, mejorar la experiencia de clientes, fortalecer la toma de decisiones y aumentar la capacidad de adaptación frente a mercados cada vez más dinámicos. En otras palabras, no se trata solo de hacer las cosas más rápido, sino de construir organizaciones más inteligentes.
Por eso resulta preocupante que en muchas compañías la discusión siga concentrada en pilotos aislados o iniciativas experimentales. La inteligencia artificial requiere gobernanza, visión estratégica y liderazgo desde la alta dirección. Los directorios deben entender sus implicancias, sus riesgos y, sobre todo, sus oportunidades.
La historia empresarial demuestra que las tecnologías disruptivas no esperan a quienes dudan demasiado. Hoy, la pregunta para los directorios no es si la IA cambiará sus industrias. La verdadera pregunta es si estarán liderando ese cambio o simplemente reaccionando a él cuando ya sea demasiado tarde.

