La psicóloga que aprendió a liderar escuchando: Karen Thal y su camino a los directorios

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En Líderes que Inspiran, la directora de empresas y ex gerente general de Cadem habló de por qué un directorio sin diversidad de edad es tan problemático como uno sin mujeres, y por qué la corresponsabilidad sigue siendo la deuda más importante del mundo empresarial chileno.

Karen Thal llegó al mundo de los directorios desde un lugar poco convencional: décadas escuchando a consumidores y ciudadanos en focus groups. Esa trayectoria, construida en Cadem donde fue gerente general por años, hoy define su aporte en las mesas donde se toman las grandes decisiones empresariales en Chile. “Siempre trato de llevar la voz de la gente a los lugares en que vivimos en el mundo empresarial”, dice.

El estallido como punto de inflexión

El quiebre en su carrera no fue planificado. En octubre de 2019, días después del estallido social, Thal presentó un análisis de focus groups ante un grupo de ICARE. Alguien grabó la presentación con un teléfono. El video se viralizó. “Me desperté un sábado y tenía 25.000 reproducciones. Casi me muero, porque yo en verdad no me gustaba la exposición”, recuerda.

Hasta ese momento, el rol público en Cadem lo ejercía Roberto Izikson. Ese video cambió las cosas. La visibilidad que ganó, combinada con el contexto político del país, abrió la puerta a que le ofrecieran la presidencia de ICARE, cargo que la obligó a hablar ante 1.500 personas y toda la prensa. “A mí me cargaba hablar en público. Pero alguien me enseñó: si te da miedo, hazlo con miedo.”

La habilidad más importante de un director

Para Thal, ser directora tiene poco que ver con tener respuestas y mucho con saber preguntar. “Yo creo que quizás la habilidad más importante de un director es hacer buenas preguntas”, dice, citando a Lucía Santa Cruz. “Preguntas que desafían a los equipos a mirar algo que no estaban viendo.”

Esa convicción viene de su oficio. Años de focus groups le enseñaron que escuchar de verdad es incompatible con estar pensando lo que uno va a decir. “Si cada uno está pensando lo que va a decir antes, no es un diálogo realmente, sino una suma de monólogos.”

A eso agrega un tercer atributo: que el directorio genere un clima de confianza suficiente para que todos se atrevan a cuestionar, incluso a los más expertos. “Pero tampoco tanta confianza como para que caigamos todos sin cuestionar nada.”

El 17% que no es aceptable

En materia de género, Thal es directa y sin rodeos. Rechaza el argumento de que hay que convencer al mundo empresarial con evidencia de que más mujeres hacen mejores empresas. “No sé si eso es cierto. Hay estudios que dicen una cosa, estudios que dicen lo contrario.” Su postura es otra: “Este es un tema de justicia. Las mujeres somos la mitad de la población, no somos una minoría, y no puede ser que seamos el 17% de los directores.”

Para avanzar más rápido, propone dos medidas concretas. La primera: postnatal masculino obligatorio, porque la corresponsabilidad real no ocurre si culturalmente al hombre que se toma licencia lo miran feo. “Si la mujer se va de postnatal seis meses y al hombre lo miran feo porque se tomó un día, culturalmente no funciona.” La segunda: obligar a que las ternas para cargos de primera línea incluyan al menos una mujer. “Si uno no se obliga, es natural que más rápido lleguen tres hombres.”

También apunta a un problema estructural que reconoce como una batalla casi perdida: “Yo ya ni hablo de sala cuna porque estoy como resignada, pero ahí partimos mal. Contratar mujeres es más caro que contratar hombres.”

Diversidad de edad, la deuda menos visible

Thal integra el directorio de Cuprum, donde destaca algo que la sorprendió más que la diversidad de género: la diversidad de edad. “Tenemos personas que son más jóvenes y creo que eso es algo que hay poco.” No habla de directores muy jóvenes, sino de perfiles de 38 a 42 años, con mayor conexión con las nuevas generaciones que “la que tenemos los que somos mayores de 50.”

Para ella, la clave no es traer frescura por sí sola, sino miradas que se complementen. “La mirada de alguien más joven se complementa con la de alguien mayor, la de las mujeres con la de los hombres. Al final es ahí donde está el gran valor.”

Lo que mueve a una directora

Cuando se le pregunta qué la inspira, Thal baja las expectativas con honestidad. “Inspira es una palabra muy grande. A mí me mueve el intentar ser un aporte al rol que estamos llamados. Me conformo con aprender a ser un buen director. Creo que es súper difícil.”

Esa dificultad, dice, viene sobre todo de una tensión permanente: no caer en el control de gestión cuando el verdadero rol de un directorio es mirar hacia adelante. “Muy fácil caer ahí. Y no es fácil salir.”

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