Jacinta Fanjul, directora ejecutiva del espacio, aplica ese estándar a un caso concreto: doce coworks textiles municipales que funcionaban por separado sin saber unos de otros.
“Uno puede crear algo increíble, una solución espectacular, pero si esa solución no se adopta, si las personas no la incorporan, no es innovación si no hay transferencia. La frase es de Jacinta Fanjul y no la dice sobre otros. La usa como vara para medir los programas que ella misma dirige.
Fanjul es la directora ejecutiva del HUB Metropolitano, un proyecto financiado en su totalidad por el Gobierno de Santiago y ejecutado por Fundación Chile, con mandato sobre las 52 comunas de la región. Bajo ese estándar, un programa que no cambia nada en quien lo recibe no cuenta como logro. Y ella lo aplica en voz alta: “En algunos he logrado, y en otras a veces no siempre me va bien. Hemos hecho algunos programas y a veces digo, uy, en este no estoy tan fuerte.”
El caso que sí funcionó empezó con doce datos que nadie había cruzado.
Doce coworks textiles que no se conocían entre ellos
En Colina había costureras. Muchas. El municipio las reunió en un cowork textil, unas 15 o 20 mujeres con oficio, y logró algo concreto: una de ellas terminó vendiéndole productos a Rosen.
Buena noticia. Pero cuando el HUB miró el caso, encontró el problema de fondo.
“¿Sabes cuántos coworks textiles hay de municipios en la Región Metropolitana? Doce. Y uno nomás lo estaba haciendo”, cuenta Fanjul.
La respuesta fue juntarlos a todos, una operación que en el HUB llaman agregación de demanda. Los llevaron a un encuentro internacional de economía circular textil, donde estaba desde Gonzalo Muñoz, Champion de la COP, hasta compradores de Patagonia y Almacenes París. De ahí salieron tres líneas de trabajo que hoy están en marcha: una escuela para cerrar brechas específicas del rubro, un proceso de encadenamiento productivo y un evento propio para mostrar lo que producen.
La lógica responde a un límite real. “Una sola costurera no le puede vender a lo mejor a una empresa, pero el producto de 12 coworks textiles sí le podría vender a una gran empresa”, explica.
Un espacio que se define por lo que no hace
Lo primero que le dicen a Fanjul cuando explica el HUB es que eso ya existe. Que lo hace SERCOTEC, o FOSIS, o alguna fundación. Su respuesta es que precisamente por eso el HUB no lo hace.
“Si llega acá una emprendedora, nosotros también hacemos que venga la persona de SERCOTEC del centro de negocios. Y si necesita alguno de esos servicios, tratamos de que se derive y se vaya a SERCOTEC. No duplicar, en el fondo complementar.”
Ella describe al HUB como un espacio que “tiene un papá y una mamá”, público y privado a la vez. Llegó al cargo por concurso público, después de una trayectoria que mezcla ingeniería comercial, un paso por TECHO, la creación de un área de sostenibilidad en McCann Erickson, estudios en España y varios años a cargo de innovación sostenible en la Universidad de los Andes. Ahí lideró “El viaje del microemprendedor”, un programa de diagnóstico y plan de trabajo para microempresas financiado con fondos del propio Gobierno de Santiago.
Su diagnóstico del ecosistema no apunta a la falta de voluntad. “Yo creo que colaboramos mucho, pero hay una suborquestación. Hay mucha gente que quiere colaborar, pero al no saber cómo o dónde, tendemos a repetir.”
Para articular a los distintos actores usa una imagen doméstica. Universidades, empresas y municipios entran con lo que saben hacer, no con lo que sobra. “Es como si fuéramos a cocinar juntos. ¿En qué eres bueno?”
El error que más le ha enseñado
El aprendizaje que rescata de los programas que no funcionaron es siempre el mismo, y tiene que ver con el punto de partida del diseño.
“Cuando uno diseña pensando desde el producto, desde el servicio, desde lo que uno quiere dar, y no desde las personas, no funciona.”
Lo contrario también lo formula con precisión: escuchar no solo lo que la gente dice, sino lo que no dice. “Cuando uno diseña y construye en función de la escucha activa, las cosas tienen tracción y responden.”
La sala de niños que empezó como hipótesis
En el octavo piso del HUB hay una sala para niños y una sala de lactancia, ambas con paredes transparentes, pensadas para que las emprendedoras puedan participar de los programas sin dejar a sus hijos fuera de la ecuación.
Fanjul aclara que no fue una idea suya sino un hallazgo de terreno, y que partió como una apuesta que había que comprobar. “Era una hipótesis. Y cuando ves ese espacio lleno de mujeres y con sus niños, y que gracias a eso están pudiendo tomar las herramientas que necesitan, la hipótesis se valida.”
El objetivo que declara es específico: “que no se les haga más pesada la mochila”.
La conversación que falta
Al final, Fanjul instala el tema que a su juicio Chile no está discutiendo con la seriedad que corresponde. No es cuántas empresas se crean, es cuántas sobreviven.
“Crear una empresa la creas en un día. Pero lo difícil es que la empresa permanezca en el tiempo.”
Detrás de esa distinción hay una consecuencia concreta. “Detrás de cada una de esas empresas hay familias, hay un montón de personas alrededor. Y cuando afectamos eso, estamos afectando la vida de las personas.”
Su proyección para el HUB va en la misma línea: replicar el modelo en otras regiones y en municipios, articulados entre sí. “Me gustaría que esto se transformara en política pública.”
Es, en el fondo, la misma vara del principio aplicada a escala país: el indicador no es lo que se crea, es lo que queda.
Cómo participar: el HUB Metropolitano está en San Isidro 85, a una cuadra del Metro Santa Lucía. El acceso es gratuito y abierto: hay que registrarse en recepción (por tratarse de recursos públicos) y subir al octavo piso, donde se pueden usar los espacios de trabajo y pedir salas de reuniones. La programación de talleres y charlas se publica en Instagram como @hubmetropolitano.

