Por Liza Salinas, Branch Business Director Liberty Finance.
Esta semana, el gobierno de Kast puso sobre la mesa la MK4, la cuarta reforma al mercado de capitales, y lo hizo con el Presidente encabezando la presentación desde Cerro Castillo. Ese detalle no es menor: cuando el mandatario se pone al frente de un proyecto técnico, está diciendo que quiere que se lea en clave política, no solo financiera. Y ahí empieza mi reparo. El relato es “un Chile de propietarios más que de arrendatarios”, una frase impecable para un titular. Pero la vivienda es la punta de lanza, no el corazón del proyecto.
El pilar habitacional es sólido y bienvenido. Crear el Fonavi —administrado por BancoEstado, con un aporte fiscal de hasta US$2.000 millones y capacidad de apalancarse hasta diez veces— para comprar carteras hipotecarias y financiar del orden de 150 mil viviendas a 30 años apunta a dos barreras reales: reunir el pie y conseguir una tasa conveniente. El mecanismo para completar el pie, en que la familia ahorra el 7% y el Estado aporta el 3% restante después de 30 meses, es sensato porque premia la disciplina de ahorro en vez de simplemente subsidiar el acceso. Hasta aquí, aplaudo.
Mi mirada crítica está en lo que subyace al componente habitacional. El Fonavi, dicho sin eufemismos, funciona como una facilidad de recompra de carteras: le da a la banca una salida para sacar riesgo hipotecario de sus balances con respaldo estatal. El Gobierno insiste en que las eventuales pérdidas serían compartidas, y quiero creerlo, pero el diablo está en la letra chica del reparto del riesgo. Cuando el Estado compra deuda con respaldo fiscal y la banca origina créditos sabiendo que puede traspasarlos, los incentivos deben quedar amarrados con precisión quirúrgica. De lo contrario, corremos el riesgo de terminar socializando una pérdida que nadie vio venir.
El segmento junior de la bolsa —esa “bolsa para los que están partiendo”, inspirada en Toronto, con un registro simplificado para startups y minería de exploración— es la medida que más me entusiasma de cara a la región. Chile arrastra un vacío real: ni una startup ni un proyecto minero en etapa temprana tienen hoy una vitrina de listado suficientemente atractiva y creíble. Sumado al crédito tributario equivalente al 35% de la inversión para atraer capital, es exactamente el tipo de profundidad bursátil que le falta a nuestro mercado. Si funciona, puede convertirse en la pieza con mayor potencial para mover la aguja del crecimiento, incluso más que el paquete habitacional.
Donde pido cautela es en los repos habilitados para los fondos de pensiones, los cambios a la Ley de Fraudes y las medidas tributarias que la oposición ya anticipó que revisará “artículo por artículo”. Ahí es donde una reforma que nace con espacios de consenso puede empantanarse y donde el sello ciudadano del anuncio choca con la ingeniería fina que realmente importa.
Mi lectura de fondo es esta: la MK4 llega en un momento macroeconómico complejo, pero con una intención estructural correcta. Con el PIB cayendo y la inversión débil, modernizar el mercado de capitales es urgente, y esta reforma apunta a varios de los lugares correctos. Pero Chile lleva desde los años noventa prometiéndose convertirse en un hub financiero regional sin lograrlo. Lo que decidirá si esta vez es distinto no será el relato de los propietarios, sino la calidad de la letra chica que finalmente salga del Congreso.

