Por Alexis León, Jefe de Gestión del Conocimiento en Seguros SURA.
El debate sobre el estancamiento de la productividad en Chile suele concentrarse en variables macroeconómicas, regulatorias o de inversión. Sin embargo, existe un factor menos visible, pero igualmente determinante: la capacidad de las organizaciones para gestionar, transferir y aprovechar el conocimiento que generan día a día.
Mientras las empresas aceleran la incorporación de inteligencia artificial y automatización, muchas enfrentan un desafío silencioso: el riesgo de perder el conocimiento crítico acumulado por sus expertos. La tecnología optimiza procesos, pero no reemplaza la experiencia, el criterio ni el aprendizaje construido durante años de práctica.
En este contexto, persiste un paradigma obsoleto. Seguimos evaluando el desarrollo de las personas por indicadores de actividad —como horas de capacitación o número de cursos— más que por su verdadera contribución al desempeño, la productividad y la generación de valor. La pregunta ya no es cuánto capacitamos, sino cuánto de ese aprendizaje se traduce en mejores decisiones, resultados y mayor capacidad organizacional.
La ventaja competitiva dependerá cada vez menos del acceso a la tecnología y cada vez más de la capacidad para convertir el conocimiento individual en un activo colectivo. Esto implica diseñar ecosistemas de aprendizaje continuo donde la IA potencie la transferencia de saberes, acelere la integración de nuevos colaboradores, preserve el conocimiento crítico y fortalezca el desarrollo de capacidades estratégicas.
Este cambio exige también una nueva forma de medir. Metodologías como los modelos de Kirkpatrick y Phillips permiten ir más allá de la satisfacción del participante para evaluar el impacto real en el negocio y el retorno de la inversión. Lo que no se mide difícilmente se gestiona, y lo que no genera impacto se convierte en un costo, no en una inversión.
En la era de la inteligencia artificial, el acceso a la tecnología tenderá a democratizarse. La verdadera diferencia estará en las organizaciones que logren capturar, compartir y aplicar su conocimiento de manera sistemática. La IA será un habilitador; el conocimiento seguirá siendo el principal activo estratégico.

