Por Pedro Rodríguez, líder de Data Centers de WSP en Latinoamérica y el Caribe.
Chile tiene una oportunidad real para convertirse en un hub digital de América Latina. Pero esa oportunidad llega con una pregunta incómoda: ¿estamos preparados para sostener el desarrollo futuro de la inteligencia artificial con energía, agua y planificación territorial suficientes? La nube parece liviana, pero funciona sobre infraestructura pesada. Y si Chile quiere liderar esta industria, debe hacerlo con una regla clara: crecer, sí, pero con una visión sostenible y los incentivos adecuados.
El mundo ya entró en esa discusión. La Agencia Internacional de Energía estima que los data centers consumieron cerca de 415 TWh en 2024 y que podrían llegar a 945 TWh en 2030, impulsados en gran parte por la inteligencia artificial. McKinsey calcula que la demanda de capacidad podría casi triplicarse hacia el final de esta década, con cerca del 70% de este crecimiento asociado a cargas de IA. No estamos frente a una moda tecnológica, sino frente a una nueva categoría de infraestructura crítica.
A nivel local, Chile tiene ventajas evidentes: energías renovables, conectividad internacional, estabilidad institucional y experiencia en infraestructura. El propio Plan Nacional de Data Centers reconoce que el país pasó de 35 MW de capacidad en 2013 a 198 MW en 2023, y que esa cifra podría triplicarse en los próximos años. Sin embargo, el dato que debiera encender la conversación pública es otro: la demanda energética de los data centers en Chile podría dispararse de 325 MW en 2025 a 1.207 MW en 2030.
Por eso, el debate no puede reducirse simplemente a atraer inversiones o acelerar permisos. La experiencia reciente demuestra que los conflictos aparecen cuando los proyectos no explican con claridad cómo usarán el agua, la energía y el territorio.
La buena noticia es que existen soluciones y que la innovación es la llave para este desarrollo futuro. La industria ya trabaja con diseños de menor consumo hídrico, enfriamiento por aire o mediante circuitos cerrados, recuperación de calor, uso de aguas no potables, mayor eficiencia energética y una planificación integrada con las redes eléctricas locales. El desafío es que estas soluciones se conviertan en el estándar que Chile puede modelar hacia el resto de la región, aprovechando sus oportunidades competitivas asociadas, por ejemplo, al desarrollo y expansión de ERNC a lo largo de todo nuestro territorio.
Chile no tiene por qué elegir entre desarrollo digital y responsabilidad ambiental. Tenemos las capacidades para demostrar que esa convivencia es posible. Brasil, México y Paraguay también se están moviendo rápido, con proyectos de gran escala y apuestas energéticas agresivas.
Los data centers pueden ser una gran palanca para la economía del conocimiento, la innovación y recuperar la competitividad de nuestro país. Pero para ello debemos entender que las decisiones para combinar energía limpia, eficiencia, transparencia y regulación clara deben tomarse hoy, no mañana.

