“Si queremos vernos cambiando el sistema, nuestros estándares necesitan servir a eso”: Luana Messena de B Lab

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Luana Messena, Senior Manager de Estándares y Estrategias de B Lab, estuvo en Chile para participar en un evento sobre moda sostenible. En conversación con Diario Sustentable, explicó el cambio estructural más profundo que ha experimentado el movimiento B Corp desde su fundación: pisos mínimos obligatorios en siete áreas de impacto, sin excepciones ni compensaciones cruzadas.

Durante 25 años, una empresa podía ser certificada B Corp siendo excelente en prácticas ambientales aunque tuviera déficits en su relación con proveedores o comunidades. Ese modelo se acaba. Los nuevos estándares de B Lab, lanzados el año pasado e implementándose ahora, establecen requisitos mínimos obligatorios en siete áreas de impacto que todas las empresas deben cumplir, sin excepción y sin compensaciones cruzadas.

“Antes el sistema permitía más flexibilidad”, explica Luana Messena, Senior Manager de Estándares y Estrategias de B Lab. “Una empresa podría ser excelente en términos de prácticas ambientales, pero quizás faltaría un poco de buenas prácticas con las comunidades o con sus proveedores. Y ahora tenemos requerimientos entre los siete tópicos de impacto que todas las empresas tienen que cumplir”.

El cambio no es menor. Hoy el movimiento B Corp agrupa a más de 10.000 empresas en todo el mundo. La nueva estructura define pisos, no promedios.

El cambio que lo desencadenó todo

La decisión de reformar el sistema no fue arbitraria. B Lab observó durante años el comportamiento de las empresas certificadas, analizó los resultados de sus estándares anteriores y monitoreó el entorno regulatorio global, especialmente en Europa, donde nuevas normativas están impactando cadenas de valor en todo el mundo.

“Nos dimos cuenta de que necesitábamos hacer un cambio más estructural”, dice Messena. “Si queremos vernos cambiando el sistema, nuestros estándares necesitan servir a eso”.

La conclusión fue que el modelo flexible había cumplido su rol histórico, permitir el crecimiento del movimiento, pero ya no era suficiente para el momento que atraviesa el planeta. La emergencia climática, el aumento de las desigualdades y la presión regulatoria internacional hicieron inevitable la decisión.

Más exigente no significa más difícil para todos

Mecena es enfática en desmontar un malentendido frecuente: que los nuevos estándares serán necesariamente más difíciles de cumplir. “Dependiendo de dónde están en su carrera de sostenibilidad, quizás ya están haciendo lo que necesitamos”, dice.

Los nuevos requisitos están estructurados en fases —nivel cero, nivel tres y nivel cinco— y las empresas tienen plazos para alcanzar cada umbral. Además, los estándares están adaptados según tamaño, sector e industria. No se exige lo mismo a una empresa de cinco trabajadores que a una multinacional.

B Lab también dispone de materiales de entrenamiento, comunidades de apoyo y recursos de acompañamiento para que las empresas entiendan qué brechas deben cerrar y cómo hacerlo.

Derechos humanos como responsabilidad empresarial

Uno de los siete pilares de los nuevos estándares que más llama la atención es la incorporación explícita de los derechos humanos. Para Messena, no es una decisión ideológica sino una constatación de la realidad.

“El sector textil, por desgracia, tiene casos enormes de violaciones de derechos humanos”, señala. “Muchas empresas en la cadena de suministro tienen casos de trabajo infantil, condiciones laborales precarias o limitación de derechos sindicales”. En ese contexto, esperar que solo los gobiernos actúen es insuficiente. “Es una responsabilidad compartida”, dice.

Acción colectiva: el nuevo frente

El otro concepto central de esta actualización es la acción colectiva. Los nuevos estándares incorporan explícitamente la expectativa de que las empresas colaboren con otros actores, gobiernos, sociedad civil, competidores, instituciones financieras, para avanzar en cambios que ninguna organización puede lograr sola.

Messena usa un ejemplo concreto: “Si la empresa realmente quiere trabajar en la reciclabilidad de sus productos, pero no hay infraestructura de reciclaje en el país, no hay nada que la empresa pueda hacer sola”. Ahí es donde la acción colectiva deja de ser un valor declarado y se convierte en una necesidad operativa.

Curiosamente, Mecena observa que este concepto es más fácil de asimilar en América Latina que en el norte global. “En Latinoamérica estamos más acostumbrados a la idea de tener que actuar colectivamente, porque tenemos tantos desafíos infraestructurales”, explica. “La gente está recibiendo mejor esta idea de trabajar con otros actores en la sociedad para llevar a cambio”.

Chile y el sector textil

Messena llegó a Chile para participar en un evento organizado por Ambition Loop, iniciativa liderada por Gonzalo Muñoz, cofundador de Sistema B, que reunió a gobiernos, CEOs, sociedad civil, organismos multilaterales e instituciones financieras para discutir la agenda de sostenibilidad en el sector textil.

“Fue realmente importante para nosotros estar ahí, porque nuestra misión es cambiar el sistema económico y necesitamos estar discutiendo con otros actores sobre cómo hacerlo”, dice. La conversación también incluyó el mensaje que el movimiento quiere posicionar de cara a la COP31, que se realizará a finales de este año.

El riesgo de no actuar

Para las empresas que todavía ven la sostenibilidad como un costo opcional, Mecena tiene una advertencia directa: “Las empresas que están tomando acción voluntaria estarán adelante cuando las regulaciones lleguen”. Los rezagados enfrentarán riesgos materiales, volatilidad de precios, disrupciones en cadenas de suministro, menor acceso a capital, y regulatorios.

“Todo lo que estoy mencionando está relacionado con la resiliencia económica de la empresa a lo largo del tiempo”, dice. “Es algo que los directores deberían tener en cuenta”.

El mayor desafío que ve hacia adelante no es técnico sino de atención. “Estamos en una época de descarga de información. Las empresas y la gente tienen su atención muy dispersa. Todo parece urgente”. Su esperanza es que, en medio de ese ruido, las empresas comprendan el vínculo entre sostenibilidad y resiliencia antes de que las regulaciones los obliguen a aprenderlo por las malas.

B-Lab certifica a más de 10.000 empresas B Corp en todo el mundo. Los nuevos estándares están en proceso de implementación global.

Diario Sustentable
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