Por Rodrigo Mercado, Líder de Emprendedoras Conectadas
Chile lleva semanas hablando de empleo, y con razón. La desocupación alcanzó 9,1%, el desempleo femenino volvió a superar los dos dígitos y la informalidad sigue afectando a una parte importante de los trabajadores. Pero las cifras dejan ver una tensión menos visible: mientras el debate se concentra en cuántos empleos hay, el mercado laboral cambia de forma acelerada y exige nuevas capacidades para participar en él.
Durante décadas, estudiar, trabajar y acumular experiencia fue una trayectoria relativamente estable. Hoy lo es mucho menos. La transformación digital, la automatización y la inteligencia artificial están modificando las tareas que hacemos y las habilidades que se valoran en casi todos los sectores. El Foro Económico Mundial estima que cerca del 40% de las competencias laborales cambiarán en los próximos años: no porque desaparezcan los empleos, sino porque adaptarse se volvió una condición permanente de la vida laboral.
Eso golpea con más fuerza a quienes ya enfrentan mayores barreras. Las mujeres siguen registrando tasas de desempleo sobre el promedio y trayectorias más interrumpidas por el cuidado; cuando la formación y la reconversión no se adaptan a esa realidad, las brechas se profundizan. Los países que mejor están respondiendo no solo crean empleo: fortalecen el aprendizaje continuo y construyen capacidades para que las personas se adapten a contextos cada vez más dinámicos.
En Kodea vemos que cuando una mujer accede a herramientas digitales y gana confianza para usarlas, no solo mejora su empleabilidad: amplía su autonomía, fortalece su emprendimiento y accede a nuevas redes. La tecnología, enseñada con sentido y conectada con problemas concretos, puede ser una puerta de entrada a más oportunidades.
Chile necesita seguir hablando de crecimiento, productividad y empleo. Pero también de cómo hacer que esas oportunidades sean alcanzables para más personas, sobre todo para las mujeres que hoy enfrentan más barreras: las que trabajan en la informalidad, las que buscan reinsertarse tras la maternidad, las que sostienen sus hogares sin redes para reconvertirse. El Foro Económico Mundial advierte que, al ritmo actual, cerrar la brecha económica de género tomaría más de un siglo.
Pero el mismo Foro muestra una oportunidad: las mujeres concentran buena parte de las habilidades que más pedirán los trabajos del futuro —colaboración, liderazgo, adaptación—, justo las que la IA no reemplaza. Bien encaminada, la transformación digital puede cerrar brechas en lugar de ensancharlas. Esa es la conversación pendiente detrás del empleo: que el país no necesita solo más empleos, sino que esos empleos se conviertan en oportunidades reales para más mujeres.

