Jimena Zapata fundó Genias para demostrar que incluir a las mujeres no es un gesto simbólico sino una decisión que mejora organizaciones. Ocho años después, su red de mentoría y formación ha impactado a miles de mujeres en Chile.
Jimena Zapata tiene una combinación de carreras que no es frecuente: ingeniería comercial y periodismo, ambas de la Universidad Adolfo Ibáñez. Esa doble formación —números y narrativa, estrategia y comunicación— define bastante bien lo que hace con Genias, la empresa que fundó y que dirige como CEO: construir programas de mentoría, formación y comunidad para mujeres, pero con una lógica de impacto medible y sostenibilidad de largo plazo, no de evento anual.
Lleva más de ocho años trabajando en la intersección entre equidad de género, desarrollo profesional y liderazgo femenino, articulando redes de mentoras y alianzas con empresas, instituciones públicas y organizaciones del ecosistema. Lo que ha aprendido en ese tiempo se resume en una incomodidad que comparte sin rodeos: el problema no es que las organizaciones no sepan que la equidad de género importa. El problema es que saben, declaran y no actúan.
“El principal desafío es pasar del discurso a la acción”, dice. Y no lo dice como diagnóstico externo, sino como el obstáculo concreto que enfrenta cada vez que trabaja con una empresa. Muchas organizaciones reconocen la importancia de la sostenibilidad social, pero cuesta traducir eso en decisiones concretas, indicadores claros y cambios culturales profundos. El 8M tiene mucha visibilidad, pero Zapata trabaja para que la equidad de género sea una decisión estratégica los otros 364 días del año.
Su lectura de las tendencias que marcarán el mundo empresarial en los próximos años es directa: primero, la integración real —no simbólica— de la equidad de género en la estrategia de negocio. Segundo, el impacto de la inteligencia artificial en el mundo laboral, que según ella exigirá decisiones éticas e inclusivas con perspectiva de género, porque los sesgos que ya existen en las organizaciones pueden amplificarse si la tecnología los reproduce sin cuestionarlos. Y tercero, una mayor demanda por liderazgo consciente, capaz de equilibrar resultados económicos con bienestar de las personas y responsabilidad social.
En los tres casos, el hilo conductor es el mismo: la sostenibilidad no puede seguir siendo tratada como un pilar separado del negocio. Lo social, lo ambiental y lo económico están conectados, y las organizaciones que no entiendan eso seguirán gestionando partes sin ver el todo.
Para 2026, Zapata tiene foco claro: seguir ayudando a empresas a integrar la equidad de género como decisión estratégica continua, diseñando experiencias, programas y espacios de conversación que conecten liderazgo, cultura organizacional, sostenibilidad e innovación, con impacto medible. No activaciones puntuales, sino transformación con continuidad.
A las mujeres que están iniciando su camino en el liderazgo les dice algo que va a contracorriente de la narrativa dominante del “esfuérzate más”: no esperen sentirse listas. El liderazgo del futuro necesita diversidad, colaboración, empatía y pensamiento crítico, y ninguna de esas capacidades se desarrolla esperando el momento perfecto. Se desarrollan en el camino, con redes y con apoyo.
Y sobre por qué las mujeres son necesarias en posiciones de decisión en sostenibilidad, su respuesta no apela a cuotas sino a resultados: incorporan miradas diversas, toman decisiones con visión de largo plazo y entienden que el desarrollo sostenible no es solo crecer, sino hacerlo cuidando a las personas, las comunidades y el entorno. Eso no es un argumento de justicia solamente. Es un argumento de eficacia.

