Educación, datos y tecnología: La hélice virtuosa que puede impulsar el desarrollo digital de Chile en 2026

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Por Luz María García, gerenta general de ACTI 

Chile entra a 2026 con una certeza cada vez más evidente: la transformación digital no se sostiene solo en tecnología. Para que el desarrollo digital tenga impacto real en la economía, el empleo y la calidad de vida, es necesario fortalecer una hélice virtuosa compuesta por educación, datos y capacidades tecnológicas, tres pilares que se retroalimentan y avanzan de manera interdependiente.

En educación, el desafío va mucho más allá de digitalizar salas de clases o incorporar plataformas tecnológicas. Se trata de preparar a las personas para un entorno laboral marcado por la automatización, la inteligencia artificial y el uso intensivo de datos. Fortalecer la formación en áreas STEM desde edades tempranas, junto con el desarrollo de pensamiento crítico, habilidades analíticas y competencias transversales, permite alimentar esta hélice con talento capaz de adaptarse a un mercado laboral en permanente transformación. La educación técnico-profesional, la formación continua y la reconversión laboral son claves para evitar que la digitalización profundice las brechas existentes.

El segundo eje de esta hélice es la calidad y gobernanza de los datos. Chile ha avanzado en digitalización, pero aún enfrenta desafíos relevantes para asegurar que la información pública y privada sea confiable, interoperable y utilizada de manera estratégica. Sin datos de calidad, la educación pierde pertinencia, la innovación se ralentiza y tecnologías como la inteligencia artificial no pueden desplegar todo su potencial. Estándares comunes y una gobernanza moderna de los datos son condiciones habilitantes para que el ecosistema digital funcione.

El tercer componente es la tecnología entendida como habilitador y no como un fin en sí mismo. La adopción de soluciones digitales, automatización, inteligencia artificial y ciberseguridad debe orientarse a resolver problemas concretos: mejorar servicios públicos, aumentar la productividad, fortalecer la competitividad y generar empleos de mayor valor. Cuando la tecnología se integra con educación pertinente y datos de calidad, la hélice virtuosa comienza a acelerar.

Esta dinámica exige continuidad más allá de los ciclos políticos. El desarrollo digital no se construye con iniciativas aisladas ni en plazos cortos, sino con una visión de Estado y una coordinación efectiva entre sector público, privado y academia. En 2026, Chile tiene la oportunidad de consolidar una agenda digital que active esta hélice virtuosa y la convierta en un motor sostenido de desarrollo.

La discusión ya no es si debemos avanzar en la transformación digital, sino si estamos dispuestos a fortalecer los tres componentes que la hacen sostenible. Educación pertinente, datos de calidad y uso estratégico de la tecnología no son opciones independientes: son las partes de una misma hélice que, si gira de manera coordinada, puede traducir el desarrollo digital en crecimiento, equidad y mejores oportunidades para las personas.

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