Para los voluntarios, la experiencia es tan significativa como transformadora. “Ponerse al servicio del bosque es gratificante y revelador: uno no dimensiona la urgencia hasta que está aquí, plantando cada árbol”, compartió Camila López, participante de la edición 2025.
“Somos un grupo de buzos apasionados por el medio ambiente y su conservación. Al ver la basura que se encuentra en las aguas de la Patagonia, no nos podíamos quedar con los brazos cruzados. Entonces nos organizamos para realizar algo diferente, algo que marcará un antes y después’’, explica Héctor García, líder de la fundación.
La iniciativa se basa en un modelo de Contratos de Impacto Social (CIS), en el que los programas reciben financiamiento solo si cumplen con los objetivos trazados, garantizando así eficiencia, transparencia y resultados concretos.