El humo de los incendios forestales aumenta 10,9% las hospitalizaciones respiratorias en lactantes (y sus efectos llegan hasta la sala de clases)

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Un estudio liderado por la Universidad de Santiago analizó 1.121 incendios ocurridos en Chile entre 2002 y 2021 y encontró que cada día adicional de exposición al humo se asocia con más ingresos hospitalarios en menores de un año, menor peso al nacer y efectos en el rendimiento escolar.

Se acerca el verano, la época en que Chile concentra la mayor cantidad de incendios forestales. Según los balances de CONAF y la Estrategia para el Fortalecimiento de la Gestión en Incendios Forestales 2025-2026, entre 2022 y 2025 se registraron cerca de 19.000 siniestros, que en conjunto afectaron casi 592.000 hectáreas.

A las pérdidas humanas, ambientales y materiales se suma un impacto menos visible. Un nuevo estudio concluye que la exposición al humo aumenta las hospitalizaciones respiratorias en lactantes y se relaciona con resultados adversos durante el embarazo.

La investigación, liderada por la Dra. Rubí Arrizaga, académica de la Facultad de Administración y Economía de la Universidad de Santiago de Chile, analizó 1.121 incendios forestales de más de 200 hectáreas ocurridos en el país entre 2002 y 2021. Los autores cruzaron la trayectoria del humo con millones de registros administrativos de salud, nacimientos y educación.

El artículo, titulado “Smoke signals: Understanding temporal dynamics of wildfire exposure on health and education”, fue publicado en la revista Journal of Environmental Economics and Management. También participaron Damian Clarke (Universidad de Exeter y Universidad de Chile), Pedro Cubillos (University College London) y Cristóbal Ruiz-Tagle (Universidad de Manchester).

Seguir el humo, no solo el fuego

Uno de los principales desafíos fue determinar qué comunidades estuvieron efectivamente expuestas, ya que la distancia entre una localidad y el incendio no entrega por sí sola esa información.

“Una ciudad puede estar próxima al fuego y no recibir directamente la columna de humo, mientras otra más alejada puede quedar bajo su trayectoria. Por eso necesitábamos reconstruir hacia dónde se desplazaba la contaminación”, explica Arrizaga.

El equipo utilizó HYSPLIT, un modelo atmosférico que incorpora información meteorológica, y contrastó sus estimaciones con datos satelitales y mediciones de estaciones de monitoreo.

El análisis mostró que una jornada completa de exposición al humo se asoció con un aumento de entre 15,6% y 30% en la concentración semanal promedio de PM2,5. Este material particulado está formado por partículas microscópicas capaces de penetrar profundamente en los pulmones y llegar al torrente sanguíneo, agravando enfermedades respiratorias y cardiovasculares.

Con las comunidades expuestas identificadas, los investigadores examinaron los efectos en salud. Un día adicional de exposición en una semana determinada se asoció con cerca de 23 hospitalizaciones respiratorias adicionales por cada 100.000 menores de un año, lo que equivale a un aumento de 10,9% respecto de la tasa promedio de ese grupo.

“El mayor aumento de las hospitalizaciones respiratorias se observó durante la misma semana de exposición, pero también encontramos efectos una y cinco semanas después. Además, aumentaron las consultas de urgencia, especialmente entre lactantes y niños pequeños. Esto muestra que las consecuencias sanitarias pueden continuar incluso cuando la emergencia más visible ya terminó”, señala la investigadora.

Del embarazo a la etapa escolar

El equipo también cruzó las trayectorias del humo con más de tres millones de registros de nacimientos. Los resultados más consistentes aparecieron en el segundo trimestre del embarazo.

Cada día adicional de exposición en ese periodo se asoció, en promedio, con 6,4 gramos menos de peso al nacer, 0,05 centímetros menos de talla y una gestación aproximadamente seis horas más breve.

“Las variaciones asociadas con una sola jornada son pequeñas, pero pueden adquirir relevancia cuando la exposición se prolonga durante varios días y alcanza simultáneamente a una población numerosa”, explica Arrizaga.

En un análisis distinto, la exposición durante el verano se relacionó con una leve disminución de la matrícula y del promedio de notas en el año escolar siguiente, en establecimientos públicos y subvencionados.

El estudio no permite establecer el mecanismo detrás de esta relación. “Entre las hipótesis se encuentran los problemas de salud, las consecuencias económicas, el estrés y los desplazamientos de las familias”, indica la académica de la Usach.

El costo que no aparece en las hectáreas

Para los autores, el costo de los incendios no debería medirse solo en hectáreas quemadas, infraestructura destruida y recursos destinados al combate del fuego, sino también en sus consecuencias sanitarias y educativas.

“Prevenir los incendios y reducir la exposición al humo exige recursos, pero esos costos deben compararse con las hospitalizaciones, las consecuencias educativas y la reconstrucción posterior. Una política preventiva puede requerir una inversión importante y, al mismo tiempo, generar un ahorro social considerable en el largo plazo”, concluye Arrizaga.

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