En el Día Internacional de los Parques Nacionales, WWF Chile puso el foco en la brecha financiera del sistema de áreas protegidas, justo cuando el Parque Nacional Vicente Pérez Rosales cumple 100 años y la administración se prepara para pasar de CONAF al SBAP.
La fecha conmemora la creación de Yellowstone, en Estados Unidos, en 1872. En Chile coincide con el centenario del Vicente Pérez Rosales, el primer parque nacional del país, y con un sistema que enfrenta presiones crecientes por el cambio climático, los incendios forestales, la pérdida de biodiversidad y la falta de recursos.
Chile cuenta hoy con 46 parques nacionales. Sumados a las reservas y monumentos naturales administrados por CONAF, el total llega a 110 áreas silvestres protegidas del Estado, que en conjunto resguardan cerca de 18 millones de hectáreas terrestres, alrededor del 21% del territorio nacional. A eso se agrega más del 40% de la zona económica exclusiva marina, una cifra que ubica al país en posiciones de liderazgo internacional.
Más que conservación de especies
Los parques nacionales han sido históricamente la principal herramienta para conservar la biodiversidad, resguardando ecosistemas únicos y especies endémicas, muchas de ellas en peligro. Pero su valor no se agota ahí.
Como infraestructura ecológica, regulan cuencas y aseguran agua de calidad para las comunidades aledañas, capturan y almacenan carbono, y amortiguan eventos climáticos extremos como sequías, inundaciones e incendios. Eso los convierte en una de las soluciones más rentables frente a la crisis climática.
También aportan beneficios directos a la salud y el bienestar de quienes los visitan, y funcionan como motor de desarrollo económico local a través del turismo. En 2025 el sector generó ingresos por 4.100 millones de dólares, impulsados por la llegada de más de seis millones de turistas extranjeros, lo que representa el 2,8% del PIB nacional.
Un traspaso institucional en curso
El sistema será traspasado desde CONAF al Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP), actualmente en proceso de instalación institucional.
Su construcción es resultado de décadas de trabajo entre el Estado y organizaciones de la sociedad civil. WWF ha acompañado el desarrollo de las áreas protegidas en Chile al menos desde 1973, cuando apoyó la implementación del Parque Nacional Lauca. Después colaboró en hitos como la creación del Parque Nacional Alerce Costero, surgido de una propuesta técnica y económica coordinada entre CONAF y WWF, y en la construcción de estándares nacionales para la gestión de áreas marinas protegidas.
“Para WWF Chile, este historial de colaboración confirma que declarar un área protegida es solo el punto de partida: el mayor desafío es asegurar su gestión efectiva en el tiempo, con financiamiento estable, personal capacitado y con recursos y una gobernanza que incluya a comunidades locales, pueblos originarios y otros actores del territorio”, señala Ricardo Bosshard, director de WWF Chile.
La brecha que no se cierra
Chile figura entre los diez países que menos invierten en sus áreas protegidas. WWF ha propuesto instrumentos para revertirlo, aunque el propio Bosshard advierte que no alcanzan.
“En este tema hemos realizado propuestas de nuevos instrumentos, como donaciones ambientales, beneficios tributarios para la responsabilidad social empresarial y un financiamiento público sostenido, que, combinados, podrían cerrar hasta un 40% de la brecha financiera detectada en diez años; es decir, incluso activando los mejores instrumentos disponibles, más de la mitad de la brecha quedaría todavía sin resolver”, explica.
El director de WWF Chile agrega que existen oportunidades de cooperación público privada que ya se están explorando y que podrían ser claves para el futuro de las áreas protegidas.
A eso se suma otro frente: el creciente interés por visitar estos espacios exige mejoras de gestión que permitan compatibilizar turismo y conservación en el largo plazo.
“Frente a este escenario, para WWF Chile es prioritario colaborar con el SBAP en el fortalecimiento de sus capacidades técnicas y financieras, y asegurar que los actores locales que dependen de los recursos naturales de estas áreas, en especial comunidades locales e indígenas, sean parte activa en el manejo y cuidado de estos territorios. Solo así los parques nacionales podrán seguir cumpliendo su doble rol: proteger la biodiversidad y sostener el bienestar de las personas, hoy y en el futuro”, puntualiza Bosshard.

