Los niños haitianos perdidos

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Por Dra. Luz Valoyes-Chávez, Académica Centro de Estudios de Género de la Universidad Católica de Temuco

Henry, un niño haitiano de 10 años ingresó a Los Andes, una de las tantas escuelas municipales en una ciudad del sur de Chile. Fue matriculado en quinto año básico. Dado que el niño no era fluente en castellano, le obligaron a tomar clases en el primer grado básico para que aprendiera a leer y escribir. Al comienzo, Henry asistía a las clases de lectura y escritura y regresaba a su clase de quinto año básico. Sin embargo, en el curso era violentado por sus compañeros. Por esta razón, en la escuela decidieron que permaneciera en el curso de primero básico. Transcurrido un año, las situaciones de violencia contra Henry se incrementaron. En la escuela decidieron interponer una denuncia de acuerdo con el protocolo de convivencia. No obstante, la familia del niño decidió retirarlo para evitar enfrentar un proceso legal por miedo a la reacción de las familias de los compañeros de curso. Henry fue matriculado en el colegio Los Ríos. La violencia en su contra continuó en su nueva escuela. Para esa época, Henry ya tenía 12 años. El niño no escapó de las situaciones de violencia no solo de parte de niños y apoderados de ambos establecimientos. Por el contrario, éstas se incrementaron. Por lo tanto, la familia de Henry lo retiró definitivamente de la escuela. Finalmente, Henry desertó del sistema escolar y comenzó a trabajar. A los 12 años.

¿En dónde está Henry hoy?

¿Quién protege a los niños, niñas y jóvenes haitianos de la violencia racial en la escuela?

La historia de Henry no es única. Su historia es la de muchos estudiantes haitianos que han desertado del sistema escolar debido a la violencia que sufren. Denominamos a esta forma de violencia anti-negritud o violencia racial la cual deshumaniza a los niños, niñas y jóvenes haitianos. La violencia racial se expresa en comentarios despectivos sobre su cabello o color de piel, generalmente asumidos por el profesorado como simples “bromas” entre compañeros. También se materializa en agresiones físicas como, por ejemplo, intentos de quemar sus cabellos. Expresiones como “vete para tu país”, “los haitianos son hediondos” o “No te vemos, ¡Sonríe!” son algunas de las agresiones verbales más comunes ejercidas contra estudiantes haitianos que constituyen formas cotidianas de violencia racial en la escuela. Los niños, niñas y jóvenes haitianos experimentan más marginalización y ostracismo en el sistema educativo local. Difícilmente estos estudiantes logran establecer relaciones significativas con estudiantes de otras nacionalidades, especialmente con estudiantes chilenos. Estas formas de violencia racial se traducen en lo que Frank Wilderson denomina “la muerte social de las personas negras”, impactando en su salud mental, su desarrollo personal e identitario, así como su socialización y participación en la vida social y cultural del país. La violencia racial en contra del estudiantado haitiano repercute en sus trayectorias educativas, marginalizándoles y expulsándoles del sistema educativo.

¿Por qué el estado no está buscando a Henry?

¿Cuántos niños, niñas y jóvenes haitianos han abandonado el sistema educativo por la violencia racial que experimentan?

¿Quién los busca?

Cerca de 280.000 estudiantes migrantes se encuentran matriculados en el sistema educativo chileno, 11.000 de los cuales son de origen haitiano. La mayoría del estudiantado migrante asiste a escuelas y liceos municipales, los cuales cuentan con menos recursos para atender las necesidades educativas de esta población estudiantil. Como muestra el caso de Henry, las respuestas pedagógicas a estas necesidades generalmente significan mayor aislamiento y segregación para el estudiantado haitiano, constituyéndose en formas específicas de violación de sus derechos a una educación de calidad y culturalmente pertinente.

Los niños primero. ¿Cuáles niños?

Una premisa fundamental del gobierno actual en Chile es “Los niños primero”. La búsqueda de niños, niñas y jóvenes haitianos supuestamente “perdidos” evidenció la hipocresía social en torno a la premisa. Lo que mostraron los medios que los “encontraron” son las condiciones precarias, de hacinamiento y desnutrición en que vive la población infantil y juvenil haitiana. Evidenció además la ausencia del estado chileno para garantizar su derecho a una vida digna. La estrategia política consistió en instalar narrativas en medios y redes sociales que representan a las familias haitianas como irresponsables, descuidadas y violentas con sus hijos. Porque ¿quién se atreve a mandar a menores de edad solos a otro país? ¿quién no busca a una hija perdida? Solo gente incivilizada y salvaje que no merece estar en Chile. El episodio de los “niños haitianos perdidos” es útil a las narrativas anti-migración y de desprecio hacia la negritud en el país que se traducen en réditos electorales.

Los niños haitianos no están perdidos. Han sido expulsados del sistema educativo o asisten a establecimientos que no siempre saben cómo incluirlos. Son niños obligados a ingresar al mundo laboral. Viven con sus familias en barrios marcados por la precariedad, en condiciones de hacinamiento y de pobreza, en una sociedad que parece conmoverse más con el espectáculo de su supuesta desaparición que con la vulneración de sus derechos y la negación de su humanidad.

El estado no los busca porque, en el país, la premisa de “Los niños primero” no aplica para los niños haitianos. No son niños.

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