El sello que está en cientos de productos (y lo cambia todo): así funciona PEFC en Chile

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Cada vez que compras un cereal en el supermercado, abres el estuche de un medicamento o tus hijos leen un libro del Ministerio de Educación, hay una pequeña etiqueta que pasa casi desapercibida. El sello PEFC. Y detrás de ese logo hay una historia que pocos conocen: la de cómo Chile se convirtió en referente mundial en gestión forestal sostenible.

André Laroze lleva 40 años como ingeniero forestal. Hoy dirige PEFC Chile, el sistema de certificación forestal que opera en el país desde 2004, y que agrupa casi dos millones de hectáreas certificadas, de las cuales 400.000 corresponden a bosque nativo que las empresas adhieren a su patrimonio pero no tocan.

“Esos bosques nativos no se tocan”, dice Laroze con énfasis. “Están creciendo tranquilos, muy bien cuidados, porque no hay acceso a robos de madera. Yo diría que en los bosques nativos de las empresas certificadas están mejor que en un parque nacional.”

¿Qué es PEFC y por qué importa?

PEFC nació en Europa a fines de los años 90, como respuesta directa a la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro en 1992. Su lógica es simple pero poderosa: un sistema de reconocimiento mutuo entre estándares nacionales que permite que la madera sea reconocida en distintos paises. Chile fue el primer país no europeo en incorporarse a esta alianza global, en 2004. Una señal temprana de que el país estaba preparado para asumir un liderazgo en sostenibilidad forestal —aunque ese liderazgo todavía no sea parejo en todo el sector.

El sistema funciona con tercera parte independiente: PEFC Chile es dueña del estándar, pero quien otorga o retira las certificaciones es un organismo auditor externo. “Nosotros no intervenimos ni otorgando ni retirando un certificado”, aclara Laroze. “Eso es tercera parte independiente y autónoma.”

Los nueve principios que una empresa debe cumplir

Uno de los errores más comunes al pensar en certificación forestal es reducirla a criterios medioambientales. El estándar PEFC Chile tiene nueve principios, y tres de ellos apuntan directamente al entorno social.

Las empresas certificadas deben garantizar condiciones laborales dignas para sus trabajadores, contratos, mutuales de seguridad, alimentación, transporte, mantener relaciones respetuosas con las comunidades locales, y en el caso de territorios mapuche, asegurar el acceso a sitios ceremoniales, cementerios y espacios de ritos como el tren-tren.

“Puedo dar fe de los cambios enormes que ha habido en Chile en los últimos 40 años”, dice Laroze. “Yo conocí al trabajador forestal que no tenía nada, a un trabajador forestal que hoy tiene todos los elementos de seguridad, tiene contrato, tiene mutuales, tiene dieta, tiene habitaciones.”

En lo ambiental, el estándar regula la protección de cuencas hídricas, la biodiversidad, la captura de carbono y la prohibición explícita de sustituir bosque nativo por plantaciones. Algo que, en las empresas certificadas, no ocurre hace más de 20 años.

Un hito mundial que pocos saben que Chile tiene

En 2025, PEFC Chile incorporó a su estándar un requisito que ningún otro país del mundo había implementado antes: la geolocalización obligatoria como evidencia de cumplimiento de cero deforestación.

“Somos el primer estándar PEFC a nivel mundial que tiene incorporada la geolocalización como requisito”, afirma Laroze. “Permite evidenciar, desde una foto digital, si hay un cambio en el uso del suelo que lleve a deforestación. Fuimos el primero del mundo, y el otro estándar todavía no lo tiene.”

Este avance permite detectar, por cambios de color en imágenes satelitales, si hay sustitución de bosque nativo por plantaciones. Una herramienta de transparencia que fortalece la trazabilidad de toda la cadena productiva.

La cadena de custodia: cómo saber que el papel en tus manos viene de donde dice

Cuando uno ve el sello PEFC en un envase de alimentos o en las cuentas del banco, puede preguntarse: ¿y esto cómo se verifica? La respuesta está en la cadena de custodia, un sistema de trazabilidad que sigue la madera desde el bosque de origen hasta el producto final.

Cada actor de la cadena, el bosque certificado, la aserradera, la celulosa, la papelera, debe acreditar de dónde viene la materia prima que recibe y hacia dónde va lo que produce. “No se puede romper la cadena”, explica Laroze. “Todos los participantes tienen que tener trazabilidad.”

Y si alguien incumple, existen no conformidades auditadas. La empresa tiene plazo para corregir. Si no lo hace, puede ser suspendida. En más de 20 años de certificación en Chile, eso no ha ocurrido.

El lado oscuro: Chile no es sostenible —todavía

Con todo lo anterior, la pregunta es obligada: ¿es Chile un país forestal sostenible hoy?

La respuesta de Laroze es incómoda pero honesta: “Las empresas certificadas son plenamente sostenibles. El sector forestal de Chile hoy por hoy no lo es.” La razón: los incendios forestales de los últimos años destruyeron superficie que las empresas no certificadas no han reforestado. La expectativa de cosecha anual cayó de 45 millones de metros cúbicos a 35 millones. Y las aserraderas están cerrando por falta de abastecimiento. “Si no está certificado, se quema el bosque y lo abandona. Si está certificado, tiene que reforestarlo”, resume Laroze.

El 60% de las plantaciones forestales del país tiene certificación PEFC. Hay un 30% adicional, compuesto principalmente por pequeños propietarios, que podría certificarse, pero enfrenta el eterno problema chileno: la baja asociatividad. Si ese nudo se resolviera, Chile podría llegar al 80% de superficie certificada.

La política pública que falta

Para Laroze, el camino es claro aunque difícil: Chile necesita retomar un programa de fomento a la forestación. No solo para recuperar la superficie perdida en incendios, sino porque hay territorios sin cobertura vegetal adecuada que hoy sufren erosión —algo que quedó dramáticamente visible cuando las lluvias que siguieron a los incendios en el Maule contaminaron el agua potable con sedimentos.

“La forestación es absolutamente necesaria para cumplir con los compromisos de mitigación del cambio climático, que son compromisos vinculantes”, advierte. “Chile no está cumpliéndolos.”

La inversión pública en fomento forestal, señala, ha tenido retornos fiscales ampliamente positivos históricamente. Y la captura de carbono que generaría una política de reforestación sería una de las herramientas más efectivas para cumplir las metas climáticas del país.

El consumidor que puede cambiar las cosas

Hay algo que André Laroze hace cada vez que va al supermercado: mirar si los productos tienen el sello PEFC. “Es una comunicación entre el comprador responsable y el productor responsable”, dice. “Si uno puede acceder a esos productos, son muy buenos. Porque uno puede hablar de sostenibilidad, pero si no tiene productos de origen sostenible, no se puede ejercer la compra responsable.”

Y hay algo más que lo llena de optimismo: los libros de enseñanza del Ministerio de Educación llevan el sello PEFC. “Los niños ven un logo, lo fijan, lo identifican y preguntan. Estamos criando un consumidor responsable del futuro.”

Un pequeño árbol. Una etiqueta que pocos miran. Pero que, si más personas miraran, podría cambiar bastante.

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