Por un Chile filantrópico

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Inteligencia artificial y sostenibilidad: cómo las empresas chilenas están aprendiendo a unir los dos desafíos

cción Empresas lanzó el programa "Inteligencia Artificial y ASG" para ayudar a las compañías a adoptar esta tecnología de forma alineada con sus compromisos de sostenibilidad. La iniciativa busca que las empresas adopten la IA con criterios claros de gobernanza, ética y estándares ASG, en un contexto donde el 60% de las compañías en Chile aún no tiene políticas formales de IA responsable.

Por Anne Traub, directora Fundación Familias Primero y de AEF, capítulo filantrópico

En Chile, hablar de filantropía todavía evoca imágenes de grandiosos donantes o aportes económicos extraordinarios. Esa mirada es incompleta. La filantropía no se limita a transferir recursos. También es poner capacidades al servicio de una causa, donar tiempo, tender redes o ser puente, y generar soluciones donde el Estado o el mercado no logran llegar con oportunidad o profundidad.

Desde esa perspectiva, la filantropía no es caridad ni reemplazo institucional. Es articulación. Es coordinación efectiva entre necesidades concretas y personas o instituciones dispuestas a aportar soluciones desde su rol y con convicción.

Hay filántropos que se involucran no solo con recursos, sino con infraestructura, logística o con tiempo para que iniciativas sociales puedan implementarse. Hay voluntarios que lideran espacios comunitarios de cuidado o aprendizaje infantil. Otros que propician talleres para el desarrollo de liderazgos. También hay profesionales y rostros públicos que, sin buscar visibilidad, eligen involucrarse con causas que consideran urgentes y transformadoras. Ese gesto, que no siempre se ve, también es filantropía. Y lo que lo moviliza no es un contrato ni un incentivo, sino algo más profundo: empatía.

Esa empatía —entendida no como un gesto emotivo, sino como una disposición activa a involucrarse desde la razón y el corazón— es muchas veces el punto de partida para generar vínculos de confianza. Y sin confianza, no hay impacto sostenible.

Hoy necesitamos esa filantropía regenerativa. Que fortalezca comunidades en vez de intervenirlas desde fuera. Que cree capacidad instalada. Que apueste por procesos colaborativos, medibles y, sobre todo, duraderos.

El desafío entonces, no está en partir, sino en persistir. En transformar la solidaridad espontánea en una cultura filantrópica permanente, donde cada persona —desde su lugar— entienda que dar no es un acto extraordinario, sino una forma concreta de contribuir a una sociedad más justa. En un Chile verdaderamente filantrópico todos tenemos algo que ofrecer.

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