Entre el 23 de septiembre y el 14 de octubre, siete trabajadores murieron en seis accidentes ocurridos en distintas faenas mineras del país. Frente a esta seguidilla, Jaime Morales, académico de la Escuela de Ingeniería Química de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV) y director del Centro de Minería de esa casa de estudios, identificó una combinación de fallas estructurales y de comportamiento.
“En lo estructural, la gestión y la fiscalización son claves para una buena seguridad en las empresas. En el aspecto conductual, la imprudencia y el exceso de confianza en operaciones rutinarias podrían hacer que los riesgos aumenten, debido a que estos comportamientos provocan un relajo en las acciones de seguridad personal”, explicó.
Producción y seguridad
Sobre la tensión entre las metas de producción y el objetivo de “Cero Fatalidad”, Morales sostuvo que, al fijar sus metas, las empresas mineras deben alinear de forma coordinada producción y seguridad.
“La cultura de la seguridad es un tema que está bien arraigado en la gran minería, pero aún estamos al debe en la mediana y pequeña, que son las actividades que concentran más riesgos de accidentes”, afirmó.
El académico advirtió que los altos estándares también pueden jugar en contra. “Al tener altos estándares de seguridad, los controles se van relajando porque se piensa que, al tener todo supervisado, no podría pasar ningún incidente. Por ello, la educación en torno a que la seguridad es un pilar fundamental de la producción evita que estos procesos se flexibilicen y permite que sigan siendo efectivos para alcanzar la meta de cero fatalidad”.
Reglas de Oro y fiscalización
Respecto del relanzamiento de las “21 Reglas de Oro de la Minería” por parte de Sernageomin y del aumento de la fiscalización basada en criterios de criticidad, Morales valoró el refuerzo de las campañas de prevención y las inspecciones. Agregó que la promoción de una cultura de seguridad no debe recaer solo en las jefaturas, sino en cada trabajador.
“Mantener campañas activas todos los días del año permite tomar conciencia del buen uso de las herramientas de seguridad”, señaló.
Formación continua
Finalmente, planteó que la academia debe contribuir a formar profesionales que entiendan la seguridad como un pilar de la cadena productiva. “Debemos ser capaces de desarrollar programas de formación continua que permitan, en cada etapa del desarrollo laboral, asumir una cultura de seguridad arraigada”, concluyó.

