El equipo del académico Tomás Corrales busca aprovechar las propiedades antibacterianas de esta miel del sur de Chile en un material biodegradable para tratar heridas complejas y quemaduras. El proyecto está en etapa inicial: aún no se prueba en seres vivos.
La miel de Manuka, de Nueva Zelanda, es reconocida internacionalmente por sus aplicaciones médicas. Un equipo de la Universidad Técnica Federico Santa María (USM) quiere saber si la miel de ulmo, originaria del sur de Chile y Argentina, puede cumplir un rol similar.
Liderado por el académico del Departamento de Física Tomás Corrales, el equipo desarrolla un parche biodegradable de nanofibras con miel de ulmo, pensado para favorecer la regeneración de tejidos en heridas complejas y quemaduras.
Para fabricarlo usan electrospinning, una técnica que produce fibras de escala nanométrica y genera membranas que favorecen el desarrollo de nuevas células. Según Corrales, incorporar miel de ulmo en una matriz de nanofibras es un enfoque que no se había explorado con este recurso. El equipo compara además las propiedades de ambas mieles para evaluar el potencial de la variedad chilena.
Lo que falta
El material ya fue desarrollado. El siguiente paso es esterilizar las membranas, un requisito antes de cualquier prueba biológica.
“En esta etapa del proyecto ya hemos generado el material, se encuentra disponible y estamos esperando testearlo en seres vivos. Puede ser un estudio en animales y después tenemos que llegar al estudio clínico. Para eso, la etapa previa es tratar de esterilizar primero el material”, detalló el investigador.
Antes de considerar un uso médico, el parche deberá pasar por las evaluaciones experimentales y de seguridad que determinen su eficacia y viabilidad.

