Gilad Tanay, fundador de ERI Institute, presentó en el lanzamiento de Futuro Común un análisis que sitúa la mayor brecha por origen familiar en las oportunidades para desarrollar habilidades y obtener un título. Su propuesta: convertir la igualdad de oportunidades en metas medibles y derechos exigibles.
En Chile, cuando se comparan personas de la misma edad, género, habilidades, nivel educativo y área de estudios, la diferencia en el acceso a empleos calificados asociada a la educación de sus padres se reduce hasta prácticamente desaparecer. La brecha se produce antes: en quién logra desarrollar esas habilidades y obtener ese título.
Ese es el resultado central del análisis que presentó Gilad Tanay, fundador de ERI Institute y exacadémico de la Universidad de Yale, en el lanzamiento de Futuro Común, iniciativa del Hogar de Cristo, la Comunidad de Organizaciones Solidarias y Fundación Colunga.
“Una sociedad puede volverse más justa en cómo recompensa las capacidades sin volverse más justa en cómo las desarrolla”, sostuvo.
Tanay fue cuidadoso con la interpretación. El resultado no significa que el “pituto” no exista ni que Chile ofrezca las mismas oportunidades a todos. Advirtió además que los datos utilizados no permiten conclusiones definitivas ni descartar que varios factores operen a la vez. El objetivo, explicó, es identificar dónde resulta más necesario intervenir.
Dos barreras antes del empleo
El investigador reconoció los avances del país desde 1990 en reducción de la pobreza, educación y reconstrucción democrática. Pero planteó que el origen familiar sigue influyendo en quién puede aprovechar ese progreso.
“Lo que puedes llegar a ser depende demasiado de quién eres o, más precisamente, de quiénes son tus padres”, señaló.
Para ubicar dónde se bloquea la movilidad social, contrastó tres explicaciones posibles: la falta de empleos capaces de absorber el talento disponible, las barreras de acceso asociadas a contactos y las diferencias en las oportunidades para desarrollar habilidades.
El análisis identificó dos barreras principales. La primera está en las condiciones para desarrollar habilidades: los recursos familiares influyen en el acompañamiento y los apoyos que recibe una persona durante su formación.
La segunda aparece al convertir esas capacidades en un título. Incluso entre personas con habilidades equivalentes persisten diferencias en la obtención de credenciales educativas vinculadas al origen familiar. Financiar la carrera, sostener los gastos cotidianos y asumir el costo de postergar ingresos son parte del problema.
“Por derecho, no por caridad”
Como camino para Chile, Tanay propuso convertir la igualdad de oportunidades en metas públicas, con seguimiento independiente y mecanismos para exigir su cumplimiento.
“La fortaleza chilena, incluso diría su genialidad, es convertir las promesas en reglas”, sostuvo.
Entre las metas, planteó reducir a la mitad las brechas de habilidades y de finalización de estudios asociadas al origen familiar. Para los primeros años, sugirió garantizar diagnóstico y apoyo a los estudiantes rezagados en lectura, matemáticas y otras habilidades fundamentales.
“Todo niño que se rezaga recibe ayuda por derecho, no por caridad”, expresó.
Resumió esa aspiración en una promesa que, a su juicio, el país podría construir: “En Chile, ningún niño termina cuarto básico sin saber leer y contar”.
Sus otras propuestas:
Segunda oportunidad de formación para adultos, para que la mejora de capacidades se note en esta generación y no solo en la siguiente.
Apoyo para terminar la educación superior, abordando tanto el costo de los estudios como la dificultad de mantenerse sin ingresos suficientes.
Cuidados, especialmente para que las madres puedan participar del mercado laboral y aprovechar su formación.
Productividad, para que la economía genere empleos capaces de absorber a más personas formadas.
La lógica detrás de las políticas
Tanay revisó experiencias internacionales para sostener dos criterios de inversión social: intervenir sobre las causas que reproducen un problema y coordinar los apoyos que una política necesita para funcionar.
“Lo importante que debemos aprender de la experiencia internacional no es qué política se implementó, sino qué lógica estratégica utilizaron”, afirmó.
Citó una intervención de BRAC en Bangladesh que combinó la entrega de activos productivos a mujeres en situación de pobreza con formación y acompañamiento. Y una entrega de computadores en Perú, donde el acceso a tecnología requería condiciones complementarias, como capacidades docentes para usarla en el aprendizaje.
Menos gasto en lo que no funciona y más recaudación
Al cerrar, Tanay reconoció que estas medidas requieren recursos y decisiones difíciles, entre ellas dejar de financiar iniciativas que no funcionan y aumentar la capacidad de recaudar.
“Hay un costo real, y ese costo exigirá sacrificios reales”, afirmó.
Planteó también la necesidad de mostrar avances en pocos años, aunque los resultados completos tomen más tiempo, porque la frustración de quienes no encuentran oportunidades ya está presente. Cuando las oportunidades se concentran y las expectativas de progreso se debilitan, advirtió, aumentan la polarización y la dificultad para construir acuerdos.
“Lo que han exigido es una oportunidad justa, una oportunidad justa de mejorar sus vidas y las de sus hijos”, sostuvo sobre las expectativas de la ciudadanía.
“La mayoría puede seguir eligiendo el sistema cuando el sistema sigue abriendo un futuro para la mayoría”, señaló.
Las citas de Gilad Tanay fueron traducidas del inglés.

