La Fundación Fungi lidera la iniciativa para proteger al Butyriboletus loyo, un hongo endémico del sur del país, sagrado para el Pueblo Mapuche y actualmente amenazado por la pérdida de bosque nativo.
Chile tiene una deuda pendiente con uno de los organismos más singulares de sus bosques del sur. El loyo (Butyriboletus loyo) es un hongo comestible, endémico y micorrícico —es decir, que vive en simbiosis con las raíces de los árboles y no puede cultivarse de forma convencional— que puede llegar a pesar hasta cinco kilos y tiene un valor cultural profundo para el Pueblo Mapuche. También está en peligro de extinción.
Para revertir esa trayectoria, la Fundación Fungi acaba de recibir el apoyo de National Geographic Society para desarrollar lo que sería el primer plan de conservación para una especie de hongo en el país, y posiblemente uno de los primeros en su tipo a nivel global.
Un hongo con historia legislativa
El proyecto no parte de cero. En 2010, Chile se convirtió en el primer país del mundo en incluir a los hongos en su legislación ambiental, lo que permitió la evaluación de las primeras 22 especies fúngicas a través del Proceso de Clasificación de Especies y la Lista Roja de Especies Amenazadas de la UICN. El loyo fue la primera especie de hongo chilena en ser categorizada como en peligro de extinción por ese organismo internacional, y también la primera en contar con un Manual de Recolección Sustentable.
Ahora, el desafío es dar el siguiente paso: pasar del diagnóstico a la acción concreta.
Ciencia y comunidad, en el mismo proceso
Lo que distingue a esta iniciativa no es solo su objeto de estudio, sino su metodología. El proyecto combinará investigación científica con la participación directa de comunidades locales y recolectores tradicionales, buscando construir un plan de conservación que sea técnicamente sólido y culturalmente pertinente.
“Este proyecto es una continuación del trabajo que la Fundación Fungi ha hecho en torno a la conservación del loyo, que es una especie muy valiosa para las comunidades recolectoras y la cultura del sur de Chile”, explica Daniela Torres, directora de programas de Fundación Fungi, quien además fue nombrada National Geographic Explorer en el marco de este apoyo.
Entre los objetivos está también el reconocimiento formal del oficio del recolector, un trabajo que históricamente ha carecido de visibilidad institucional pese a su rol clave en el manejo del ecosistema.
Por qué importa más allá del hongo
La conservación del loyo es, en el fondo, la conservación del bosque nativo del sur de Chile. Al ser micorrícico, su existencia depende directamente del estado de los árboles con los que convive: sin bosque, no hay loyo. Las principales amenazas que enfrenta —pérdida de hábitat, incendios forestales y recolección de ejemplares jóvenes antes de que liberen sus esporas— son también amenazas al ecosistema que lo sostiene.

